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Sucedió el 1 de octubre de 1908, cuando se permitió el acceso al Teatro Nacional, uno de los aciertos arquitectónicos, culturales y de asistencia más exitosos que ha existido, existe y existirá en esta capital tan huérfana también de esos lugares, de los cuales resulta imposible el tan siquiera pensar en dejarlos de poseer. El lugar que ocupó la citada edificación era antes el espacio del Convento de La Concepción, llamado también Cuartel de las Monjas hasta fines del siglo XIX cuando fue demolido. La comunidad que allí se alojaba era la de las Enclaustradas de la Encarnación. Con anterioridad y en el año de 1862, el Presidente de la entonces llamada República de la Nueva Granada era el general Tomás Cipriano de Mosquera, quien ordenó acabar con la presencia de co-munidades religiosas en el país y las desposeyó de sus propiedades. El lugar fue convertido en un cuartel militar hasta 1905, lo que no impidió que por un tiempo también sirviera para presentar espectáculos teatrales. El dueño de esa parte, o sea de ese teatro, fue Joaquín Vallarino. Allí se presentó, entre otras muchas celebridades, Sarah Bernhardt, la gran intérprete teatral. Ya en mayo de 1904 se había emitido la Ley número 52, que ordenaba la construcción de un teatro en el mismo sitio que hasta ahora nos hemos referido. Veremos que las dos fechas de sus inauguraciones fueron con actividades bien diferentes. Desde entonces y de acuerdo con el recordado historiador Carlos Manuel Gasteazoro, se han presentado infinidad de espectáculos, según nuestro no muy confiable criterio de muy diferentes categorías. Incluso, y con rechazo general, hay que recordar que afortunadamente por corto periodo se presentaron películas cinematográficas, lo que es algo que nunca ha debido suceder. Menos mal que representaciones mayores y menores, o sea óperas, operetas, ballet clásico, zarzuelas, comedias, dramas, intérpretes de las más variadas especialidades, tales como solistas de piano, coros, violinistas, dúos, cuartetos, sextetos, orquestas completas, poesías, mimos, pero todos de gran categoría, han pisado merecidamente los maderos de sus escenarios. También y últimamente se han estado desarrollando concursos de piano internacionales. Lauritz Melchior, Tito Schipa, Amelia Galligurcci, Miguel Fleta, entre otros famosos cantantes, igualmente se han presentado. Tamara Taumanova, Alicia Marckova, Nora Kay, Alicia Alonso, Lupe Serrano, Pastora Imperio, Antan Dobin, Tere Amore y otros más, como bailarines. Los Cosacos del Don, los Niños Cantores de Viena, los Trapp, como grupos corales. Pero no solamente en el Teatro Nacional se presentan espectáculos musicales, han estado intérpretes de poesías y conferencistas de fama mundial en diversas especialidades. Hasta ahora nos hemos tan solo referido a figuras internacionales y de otros tiempos. Nacionales de también ganada fama, y en años más recientes, continuarán presentándose en nuestro bello teatro. De igual forma son dignas de mencionar las restauraciones de sus célebres pinturas y del aspecto interior, como las realizadas hace poco tiempo por Anton Rajer, restaurador y profesor de fama internacional, a quien enviamos un entrañable saludo desde aquí. Textos: Harry Castro Stanziola Además en Vivir
• A merced de los colores
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