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Panamá, domingo 5 de octubre de 2008
 

CONSTRUIR Y GOBERNAR.

Breves consejos para Correa

1098560Eduardo Ulibarri

Por su enorme éxito político personal, su discurso de salvación histórica, su carácter severo y la dureza que aplica a sus adversarios, el presidente Rafael Correa no parece ser de los dirigentes que practican el oír como una herramienta para gobernar.

¿Por qué atender los consejos ajenos –podrá preguntarse– si mis planes e intuiciones han hecho un click rotundo con las frustraciones y esperanzas de mis compatriotas y me han permitido ganar, con sólidas mayorías, cuatro elecciones en dos años?

El gran detalle, podría respondérsele, es que, hasta ahora, su éxito ha consistido en denunciar males, romper con el pasado, triturar a los opositores, ganar votos, imaginar el futuro y diseñar un nuevo esquema de Estado sobre las cenizas del anterior.

Sin embargo, una cosa son las actitudes y herramientas que impulsan victorias sucesivas durante la ruptura y la invención, y otra las que son indispensables para construir y gobernar en serio.

Ahora que tras el 64% de respaldo a la nueva Constitución en el referendo del pasado domingo está llegando a su fin la primera etapa, es necesario que el Presidente, su gobierno y su partido Alianza País, pero también la oposición y la sociedad en general, reflexionen sobre lo que sigue.

Estos breves consejos podrían ayudarles, sobre todo a Correa:

1. Ninguna democracia eficaz, justa y estable se ha construido solo a partir de una Constitución. Las prácticas de tolerancia, diálogo, transparencia y respeto al Estado de derecho que emanen de la sociedad y el poder son tan o más importantes.

Desde la independencia, América Latina ha producido algunos de los textos constitucionales más visionarios del mundo, pero muchos han cohabitado con algunos de los gobiernos más desastrosos. En 1998, Ecuador puso en vigencia otra Constitución “salvadora” que más bien alentó la inestabilidad y los cambios presidenciales abruptos. La historia enseña. No la desaproveche.

2. Las constituciones más exitosas del mundo tienden a ser las que, asentadas en buenas prácticas democráticas, son precisas y breves en su articulado. Fungen como “cartas” esenciales que tutelan derechos, definen instituciones yestablecen procedimientos básicos, no como grandes reglamentos políticos y sociales destinados a solventar todo lo humano y divino. La ecuatoriana tiene 444 artículos, 30 normas transitorias y un reglamento para el “régimen de transición”, previo a las nuevas elecciones. Su obesidad despierta fundadas dudas.

3. Con la mezcla de una Constitución fuertemente presidencial, un Presidente en la cúpula de su popularidad, poderes Judicial y Legislativo desprestigiados, partidos que apenas son movimientos y una oposición débil y dispersa, las condiciones están dadas para la concentración de un avasallante poder en Correa.

Si, en verdad, desea construir un nuevo país –o, más modestamente, un nuevo Estado— democrático, inclusivo y moderno, debe alejarse de las descomunales tentaciones autoritarias que lo envuelven. Si las sigue, se convertirá en un efímero autorretrato. Si las supera y logra establecer sólidas instituciones y un verdadero Estado de derecho, su aporte sí será constructivo y perdurable.

4. El distorsionante club del populismo autoritario latinoamericano cuenta, hasta ahora, con tres miembros plenos: Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega. Rafael Correa ha decidido asomarse a sus ventanas, utilizar sus símbolos, bailar algunos de sus ritmos y disfrutar sus happenings. Sin embargo, se ha negado a asumir la afiliación formal.

No entrar en esa canasta debe ser otra de sus precauciones. De lo contrario, disminuirán aún más las opciones de estabilidad y progreso en el país, por muchas bellezas que atribuya a la nueva Constitución.

5. Y a los opositores, ¿qué decirles? Esencialmente, que se vean en el espejo de su pasado inmediato para evitar los muchos errores que han cometido; que renueven su liderazgo y propuestas; que busquen alianzas con sectores sociales diversos; que trabajen seriamente; que se mantengan alertas y que se esfuercen por ser impulsores y contralores de la institucionalidad.

Dar consejos puede ser un ejercicio inútil, sobre todo en política. Pero, aun así, vale la pena. Quizás alguien oiga.

El autor es periodista y fue director de ‘La Nación’ de Costa Rica
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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