PRUEBA DE FUEGO.
Se alcanzará la meta
Mario Velásquez Chizmar
opinion@prensa.com
La vía de las primarias constituye el camino que cada ciudadano inscrito decidió transitar al incorporarse en un partido, para presentarle al país una oferta electoral fuerte y sólida, en el sentido que esta proviene efectivamente de un colectivo que sometió dicha oferta al escrutinio de todos sus miembros. No es una vía para imponer intereses particulares ni para establecer zonas de influencias. Muy, por el contrario, la prueba de las primarias como ejercicio previo y libre se hace para fortalecer la oferta electoral y conceder legitimidad a la misma.
No existe una fórmula mágica para ganar. Aunque hay factores de validez general, es crucial saber explotar la particularidad del candidato. En efecto, una de las fuentes del poder en un sistema presidencialista como el nuestro, lo constituye la personalidad del candidato. Este aspecto implica, principalmente, examinar los atributos personales, la fuerza de su partido y su posición en él, así como su trayectoria política y capacidad pública. No es un concurso de méritos. La silla presidencial se conquista. La carrera por la primera magistratura, de hecho, no se inicia desde que se empieza a soñar en ella, sino cuando se emprende una determinada trayectoria política.
Es relevante, entonces, la conducta desplegada por el candidato, en función del grado de autenticidad frente al papel que le ha tocado desarrollar al partido en nuestro país. El ejercicio del poder por el PRD ha traído progreso. Completamos nuestra soberanía y el país crece. Nuestra oferta electoral debe seguir representando un avance para la sociedad en su conjunto. Y las primarias mucho ayudan para que así sea. Quienes han sometido sus aspiraciones e intereses a esta prueba, donde solo uno saldría victorioso, no tienen derecho hoy de desconocer o minimizar el resultado, so pretexto de que la diferencia fue corta. Este nunca fue el objetivo de estas primarias. Es una letanía injustificada, cuando previamente aceptaron las reglas del juego. El compromiso que adquirimos los perredis- tas fue conformar nuestra oferta electoral con el o la ganadora.
Debemos ganar en el año 2009, y no empezaríamos bien proyectando intolerancia. Para ganarnos la voluntad del electorado, no es positivo arrastrar resentimientos ni exteriorizar diferencias. Por el contrario, toca destacar la alta participación perredista y el haber llegado a este punto. Lo que sigue es labrar el triunfo nacional y romper con esa tradición de alternancia en el poder político. Sería una traición al general Torrijos que, en este caminar, nos detuviéramos ahora porque la diferencia fuese la que fue. Sería imperdonable y simplemente perderíamos el examen estelar, la prueba de fuego: mayo 2009. Es seguro que el no favorecido contendor desea ver un PRD triunfando en esa fecha. Siendo así, solo queda una opción: esforzarnos al máximo para llevar un partido sólido y unido a repetir en el solio presidencial con la ganadora de las primarias. El divisionismo es típico de la oposición, no de los torrijistas. Es cierto, alcanzamos la meta: el PRD tiene candidata, Balbina Herrera, y nuestra oferta electoral ha sido legitimada ante la faz del electorado por el mecanismo democrático de las primarias.
El autor es abogado
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