CRISIS FINANCIERA.
El ‘tsunami’ capitalista
Rogelio Antonio Mata Grau
opinión@prensa.com
Lo que ha ocurrido en los mercados financieros estos últimos meses no tiene precedente en la historia reciente. Los mismos economistas ideólogos al servicio del capital financiero internacional que negaban la posibilidad de una recesión, ahora hablan de la crisis más seria en 60 años. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal norteamericana, ha descrito la crisis financiera como probablemente “única en un siglo”.
Realmente quieren decir en 79 años, porque en 1948 no hubo crisis. Pero los economistas son supersticiosos y temen mencionar 1929, como los antiguos israelitas tenían miedo de mencionar el nombre de su dios, por si acaso pudiese ocurrir algo desagradable. Todos están preocupados por la confianza en los mercados, porque ellos creen fervientemente en que la confianza (o su ausencia) es la causa real de los booms y las recesiones. En realidad, los booms y las recesiones tienen su origen en las condiciones objetivas. El ascenso y la caída de la confianza reflejan las condiciones reales, aunque pueden entonces convertirse en parte de estas condiciones, ayudando a incrementar el mercado o, como en este caso, a su caída.
En los últimos meses, AIG, Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y Merrill Lynch, empresas consideradas demasiado grandes como para que fracasaran, han entrado en bancarrota y después fueron “rescatadas” por el Gobierno o nacionalizadas. Cuando la población comience a percibir la seriedad de la crisis, en la sociedad se preparará un ambiente no visto en muchos años. Llegan noticias del colapso de otro banco norteamericano, el Washington Mutual, cerrado por el Gobierno. Se trata de la mayor bancarrota de un banco norteamericano, sus activos fueron vendidos a J. P. Morgan Chase por mil 900 millones de dólares. Es el equivalente financiero a un tsunami, y no ha terminado.
Las estimaciones de los economistas son revisadas constantemente a la baja. Hace seis meses, el FMI calculaba las pérdidas del sector financiero en más de un billón de dólares y pronosticaba una profunda recesión de la economía global. Los economistas criticaron esta perspectiva por ser demasiado pesimista. Ahora tocan una melodía diferente. Dominique Strauss–Khan escribió lo siguiente: “Pero con gran parte de las pérdidas aún no contabilizadas y con la crisis financiera ya agudizada, ha quedado claro que solo el milagro de una solución sistemática –lucha global contra el aluvión inmediato y amplia para combatir sus causas– permitirá a la economía, en EU y globalmente, funcionar con una apariencia de normalidad”. (Financial Times. 22/9/2008).
Sí, en realidad, la economía de EU ya no funciona con “una apariencia de normalidad”. De hecho, sufre un gran frenazo, al menos en lo que concierne a Wall Street. En el momento de escribir estas líneas, los mercados financieros en EU están prácticamente paralizados a la espera de la confirmación de una gran inversión de dinero gubernamental que las autoridades esperan “restaurará la confianza”. El simple hecho de que el “libre mercado” dependa para su supervivencia de ingentes donativos del contribuyente es una prueba suficiente de su total bancarrota, en el sentido literal de la palabra. Aquí está la respuesta a toda la retórica sobre la “mano invisible del mercado”, el espíritu de la empresa privada y todo lo demás. En el momento de la verdad, los valientes empresarios de Wall Street y de la City londinense tienen que ir como los mendigos, con un cazo en la mano, al Gobierno y pedir seguridad social. Solo que estos mendigos son multimillonarios y exigen dinero, pero con amenazas. El Congreso vacila y el secretario del Tesoro Henry Paulson (que, en opinión de algunos comentaristas, es ahora de facto del presidente de EU) está furioso. Mientras tanto, los mercados continúan con su caída imparable. Otro argumento que se escucha en el Congreso es: nos estás pidiendo que entreguemos todos estos miles de millones sin controles ni garantías. Aparte del hecho de que se trata de recompensar a los banqueros por su pésima gestión, ¿quién dice que esta medida tendrá el efecto de frenar la caída del mercado? Es una pregunta excelente a la que ni Paulson ni Bush ni nadie más tienen respuesta. Es asombroso ver a los antiguos defensores de la santidad del libre mercado rebuznar ahora por la intervención del Gobierno para que salve al mercado de sí mismo. Pero están condenados por su propia lógica, que es la lógica insana de la concepción neoliberal. La crisis financiera es el resultado directo del largo periodo de especulación incontrolada que provocó la mayor burbuja de la historia.
El autor es educador
|