Ventana fiscal
El efecto dominó de la crisis
1098912Osvaldo Lau C.
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OPINIÓN. La crisis financiera más grande del mundo no ha tocado fondo y en alguna forma vamos a recibir los efectos de la misma a pesar de la aparente tranquilidad que se respira en los círculos empresariales panameños. Ya lo dijo Carlos Slim, el conocido magnate mexicano, “la crisis va a afectar a todo el mundo. Hay una situación muy difícil y va a afectar a las economías de todos lados” (AméricaEconomía Online, 2 de octubre de 2008). Primero fue la burbuja inmobiliaria que, tan pronto explotó, arrastró a las personas con préstamos hipotecarios con saldo superior al valor de sus propiedades. Estas personas a su vez se combinaron para que quebraran las principales y mayores empresas financieras e hipotecarias de los Estados Unidos de Norteamérica.
Estas quiebras a su vez quebraron, vale la redundancia, a cualquier cantidad de personas que han vivido del movimiento de la bolsa y de los rendimientos de su inversión bursátil. Estos quebrados, sin nada más que perder, se han de convertir en morosos por obligación de las tarjetas de crédito, cuyos administradores no tienen de dónde agarrar, salvo del nombre de quien ya nada más tendrá. Parece una película de ciencia ficción, pero lo cierto es que si quiebra la mayor economía del mundo, habrá colapsado el sistema capitalista.
Entonces no habrá siquiera quién pague impuestos, salvo que se graven las pérdidas según el que menos pierda, al mejor estilo de ese gran comediante cubano José Candelario “Trespatines”. En Panamá, la crisis se apresta a afectar a los exportadores de productos agropecuarios, pues sus clientes en el norte estarán más preocupados por sobrevivir que por comprar productos que no son de la “canasta básica”. Al reducirse los negocios internacionales, en general, así mismo disminuirán las actividades portuarias y los tránsitos por el Canal de Panamá. Otro sector en la mira de las afectaciones es el inmobiliario, ya que se reducirá la corriente de los baby boomers por razones obvias. Además, aquellos especuladores que en su momento compraron en preventa no tendrán a quiénes vender, salvo que ofrezcan precios con ganancias reducidas y hasta con pérdidas, en abierta competencia con los precios de venta que los promotores actualizan según sus costos o la demanda.
El efecto dominó en la cadena de quiebras termina en una nueva y peligrosa depresión, donde todos somos perdedores, aunque alguien crea que puede sacar ganancias en el río revuelto. Salvo que se reinvente el sistema o demos paso al Estado capitalista o inversionista estamos a la puerta de una gran depresión. Para exagerar un poco (en broma y en serio): si la gente se queda sin recursos, sin ahorros y sin empleos, tampoco podrá pagar los impuestos que son la fuente principal de los fondos estatales y los Estados deberán bajar sus planillas e inversiones o encontrar otra forma de generar ingresos. Con este círculo vicioso hasta yo quedaré inscrito en el futuro ejército de desempleados, salvo que me meta a quiropráctico para atender a tantos quebrados.
Bueno, basta ya de tanta negatividad. Si bien es cierto que la situación no está para hacer fiestas, la historia demuestra que el ingenio humano ha logrado que se superen todas las crisis que él mismo ha creado, y lo peor que haríamos es entrar por la puerta de la desesperación vendiendo nuestros activos a cualquier precio. Ánimo… que así como el sol sale cada día la solución también ha de salir.
El autor es consultor fiscal y presidente del Centro de Soluciones Ejecutivas, S.A.
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