LUCHA CONTRA EL CÁNCER. paul newman, actor caritativo.
¡Luces, cámara...filantropía!
La línea de alimentos ‘Newman’s Own’ ha donado 250 millones de dólares a varias beneficencias, y financió campamentos para niños con cáncer.
Ana Alfaro
Especial para La Prensa
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Para cuando yo tenía edad de percatarme de los encantos del sexo opuesto, Paul Newman —quien murió de cáncer pulmonar el pasado miércoles 26 de septiembre— ya había actuado en una treintena de filmes.
Mi primer encuentro con aquellos inolvidables ojazos azules fue en Butch Cassidy and the Sundance Kid. Por supuesto, que no hizo daño alguno que su contraparte fuera Robert Redford, ese otro titán del celuloide.
Y es con gran cariño y cierta tristeza que hago hoy el vínculo entre este gran actor y el tema de la gastronomía, este primer día del mes de la cinta rosa, dedicado a combatir el cáncer de mamas, porque su legado de celuloide será recordado, pero su legado filantrópico jamás será olvidado.
Él y su amigo, el escritor A.E. Hotchner, habían seguido durante varios años la tradición de embotellar vinagretas hechas en casa (en botellas de vino vacías), las que regalaban entre villancicos.
El aderezo resultó tan gustado, que las tiendas gourmet de Westport, Connecticut, hogar de Newman, pedían cada vez más. Y así fue que en 1982, los dos amigos decidieron mercadearlo.
Los “consultores profesionales” les dijeron que necesitarían capital semilla de 400 mil dólares, pero los amigos tomaron otra ruta: mezclaron diversos aderezos e invitaron a un grupo de amigos a catar. Se eligió una vinagreta clásica, Olive Oil & Vinegar Salad Dressing y, en broma, el actor decidió poner su rostro en la etiqueta.
Luego añadieron otros aderezos: Caesar, Ranch, Italiano, etc. Y fue así que lo que comenzó como broma en el sótano de su casa, terminó siendo una empresa multimillonaria, “Newman’s Own”, a que el actor se refería como “una broma que se salió de control”, completamente extrañado por el éxito comercial de la compañía que comenzó con una vinagreta, y terminó con una extensa línea de productos, sin publicidad, pero con mucho ingenio, atribuido a la pluma de Hotchner y al sentido del humor de Newman, entre ellos popcorn, salsas de spaghetti y otros.
Newman también fue visionario, porque fue uno de los primeros en ofrecer productos totalmente naturales, mucho antes de que los términos “ecológico” y “orgánico” se pusieran de moda; además, creía fielmente en el reciclaje.
Pero lo que es realmente hermoso de la historia, es que Newman, desde su inicio, decidió que no quería hacerlo con fines de lucro. De esta manera, con los 250 millones de dólares en ganancias de la compañía (de 1982 al presente) ayudó a diversas fundaciones filantrópicas (solamente en 1993 donó a 460 organizaciones de beneficencia), y quizás la más famosa de ellas fue la serie de campamentos que financió pro beneficio de niños con cáncer y otras enfermedades graves. Los campamentos se llamaron Hole in the Wall Gang en honor a la pandilla de Butch Cassidy.
Newman, con su agudo sentido del humor, hacía leves cambios en las etiquetas de los productos: por ejemplo, si un producto tenía connotaciones de vaqueros e indios, la etiqueta lo mostraba con un sombrero de cowboy.
Pero, probablemente, la cita que más me gusta de todas, es aquella donde el actor definió su filosofía en cuanto a su compañía de alimentos en su lema: “La desvergonzada explotación, en pos del bien común”.
VEA De Newman a Cuchi
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