PREVENCIÓN Y EDUCACIÓN SEXUAL.
En defensa de una nueva propuesta de ley para la vida
Claude Vergés de López
opinion@prensa.com
El Consejo de Gabinete aprobó una propuesta de ley para la Salud Sexual y Reproductiva que permitirá a los ministerios de Salud y de Educación brindar la atención y la información necesaria para el desarrollo integral de los niños, las niñas y sus familiares.
Esta propuesta está basada en los derechos humanos en salud, reconocidos por todos los países que se preocupan por sus ciudadanos y ciudadanas. Su aplicación debe permitir disminuir la mortalidad materna con la atención gratuita del embarazo, parto y posparto; esto es importante en el ambiente de crisis económica actual.
Además debe disminuir la mortalidad del sida pediátrico, con el tratamiento de las mujeres embarazadas y con la educación de la juventud sobre la prevención de la transmisión sexual de esta enfermedad.
Según las estadísticas del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud, de 1984 a junio de 2008 fallecieron 6 mil 243 personas por esta enfermedad, de las cuales 193 eran menores de 15 años (3.09%), lo que habla de una importante transmisión perinatal. Otras 5 mil 367 personas (el 86%), que fallecieron por el sida, tenían entre 15 y 55 años, es decir que estaban en una edad productiva y reproductiva que fue truncada.
Algunos pueden encontrar que estas cifras son bajas en comparación con la de otros países; para nosotros cada vida perdida es irremplazable. Cuando se considera que el modo de transmisión heterosexual representa 52.3% de los 9 mil 130 diagnósticos de sida en estos años, es evidente la necesidad de educación sexual.
Pero el sida es solo un aspecto del alcance de esta propuesta de ley. En el año 2007, los Juzgados de Niñez y Adolescentes a nivel nacional recibieron un total de 4 mil 404 casos de protección, lo cual implicó la atención de 5 mil 515 niños, niñas y adolescentes. El 11% (478) ingresó por abuso sexual; y 23% (mil 23), por abandono y protección, y el 17% tenía menos de seis años de edad.
Detrás de estas cifras frías, se esconden niños, niñas y adolescentes, personas de derecho moral, que merecen la protección del Estado cuando los padres y madres han fallado. ¿Quiénes son estos padres? ¿Jóvenes que no pensaron en la posibilidad de un embarazo? ¿Padres de múltiples hijos? ¿Personas en situación de pobreza y de marginalidad?
Algunos encuentran en la auto–flagelación una manera de compensar “faltas” pasadas reales o imaginarias; es su derecho íntimo. Pero no es una solución para estos niños y niñas heridos en lo más profundo de su ser por las personas en las cuales confiaban.
Es necesario prevenir estas situaciones, educarlos para que puedan defenderse de los abusos y llegar a ser adultos felices.
Es igualmente necesario permitir a las personas incluir una vida sexual plena, responsable y segura en su proyecto de vida. Nadie puede tener miedo a la educación a menos que se quiera tener a ciudadanas y ciudadanos ignorantes, para facilitar su manipulación.
Saludamos esta iniciativa que representa una esperanza en la solidaridad humana.
El autor es pediatra
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