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Panamá, miércoles 1 de octubre de 2008
 

PERSECUCIÓN POLÍTICA Y CHANTAJE.

Martín, el militarista

1097368Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com

Martín Torrijos y el partido de Balbina son los responsables de la remilitarización del país. Para ello, Torrijos y Balbina se valen de un individuo insensible a las críticas, blindado ante las protestas populares y experto en guerra psicológica del noriegato. El susodicho, protagonista de un episodio aterrador narrado en el informe de la Comisión de la Verdad, es el destructor de nuestra incipiente democracia y el ejecutor de la militarización Triple D (demente, degenerada y demoniaca).

¿Qué interés podrían tener los grupos de poder en resucitar el absurdo sistema que provocó la invasión de 1989? El candidato presidencial de la alianza “Nuevo Camino”, Juan Carlos Varela, ha advertido que “detrás de la aprobación de los decretos ley que refuerzan los cuerpos de seguridad del Estado hay un negocio de compra de equipos para escuchar las conversaciones telefónicas” (Partido Panamenista, nota de prensa, 15 de septiembre). En cuanto a Torrijos, pareciera que pretendiese seguir ejerciendo influencia en la fuerza pública, más allá del final de su período, independientemente de quién gane las elecciones de mayo próximo. (Como si el ejercicio de su influencia no hubiese sido ya suficientemente nefasto para el país).

Indiscutiblemente, detrás de la militarización Triple D está el ánimo de utilizar a la fuerza pública para presionar a gobiernos elegidos. La intención (además de la rapiña) es de constituir a los organismos de seguridad en un reducto antidemocrático que pueda minar la autonomía de los gobiernos civiles y obligarlos a actuar de manera determinada en ciertos renglones de la administración pública. Los candidatos presidenciales de oposición lo saben y por eso suscribieron la Declaración Ciudadana, mediante la cual se comprometen a derogar esos decretos si llegan al poder. Falta ahora que se unan, pues la desunión de la oposición llevará al triunfo de Balbina, quien ha declarado que “está de acuerdo con los decretos aprobados por el Ejecutivo” (La Prensa, 26 de septiembre). Lo dijo frente a un grupo de empresarios que la apoyan y que, aparentemente, también están felices con la militarizaciónTriple D.

Hay que advertirles a estos sujetos, que piensan más en sus bolsillos que en el bienestar nacional, que ellos mismos y sus familias serán víctimas de la remilitarización. Una dimensión de los decretos que no ha sido suficientemente explorada ni expuesta es su potencial para la extorsión. El estado policíaco y de sapería que está gestándose actualmente, al amparo de los decretos de Torrijos y Balbina, va a crear (si no creó ya) una enorme estructura de espionaje. En un país con débiles controles democráticos, donde la Asamblea de eunucos no fiscaliza nada y donde a los jueces y procuradores nada les importa con el derecho, no habrá limitación alguna al radio de acción de la gorilera.

¿Para qué creen ustedes que se utilizará la información acopiada? No será para proteger al canal de los ataques de Abu Nidal ni de Hamas, ni a nuestra inocente juventud de las hazañas de Medio Man ni Madame Tonya. No, estimados empresarios balbinistas: será para la persecución política y el chantaje, a ustedes prioritariamente. Como en los tiempos de Noriega, pero con más “eficiencia” en esta época de mayor desarrollo tecnológico, el objetivo principal del centro de “inteligencia” será recabar información que pueda utilizarse para controlar conductas e intercambiar datos íntimos por grandes sumas de efectivo. Miren con cuánta antelación se les hace la advertencia. Cuando los agarren con los pantalones abajo, no lloren como mujeres lo que no supieron defender como hombres.

Estos son los parámetros del régimen de violencia e intimidación que promueven Torrijos y Balbina. Ambos intentan tirar por la borda las medidas instituidas desde 1990 para someter al monstruo militarista. Sus actuaciones le crearán una gran crisis al próximo presidente que no sea del PRD, cuando intente subordinar al poder civil a los integrantes de los organismos de seguridad.

Ese presidente se verá restringido en sus actuaciones o podría correr la misma suerte que el Dr. Arnulfo Arias, quien en esta misma fecha, hace 40 años, asumió la jefatura del Estado, por tercera vez, en medio de grandes manifestaciones de adhesión popular. Pero cuando intentó someter a la Guardia Nacional a su gobierno constitucional, los gorilas lo derrocaron, tras solo 10 días en el poder. Muchos empresarios corrieron entonces a postrarse en los cuarteles, pero después sufrieron, en carne propia, los desmanes de los militares. ¿Cuándo aprenderán las lecciones de la historia?

P.S.: Hoy hay protesta en la Iglesia del Carmen, a las 5:00 p.m., contra la militarización y los decretos de Torrijos y Balbina. No deje de asistir, pues estamos, como ha dicho el Dr. Bernal, “en una gran encrucijada: defender nuestras libertades y derechos fundamentales o resignarnos a ser sometidos bajo el yugo de la bota militar”. Usted, que lee esto, sabe bien cuál debe ser su elección.

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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