REINGENIERÍA NACIONAL.
La planificación de ciudades y pueblos
Hugo Navarro
opinion@prensa.com
Los que vivimos en medio de una turbulencia creciente y continua que afecta nuestras actividades cotidianas, consideramos necesario hacer un alto y pensar en cómo podemos participar y contribuir a regenerar nuestro país para que, así como aprovechamos las nuevas tecnologías del concreto, podamos elevarnos hasta convertirnos en un país respetado y admirado por la calidad de sus gobernantes y de ciudadanos en todas sus actuaciones.
Falta mayor comprensión –de parte de los funcionarios públicos y de la población– de que la mayoría de nuestros problemas están interrelacionados y que las soluciones se tienen que buscar en equipo. Está, por ejemplo, el problema del transporte público que no se ha resuelto porque sus raíces son de carácter político y porque los actores de este sector –que lo recibieron de manos de la dictadura–, no lo van a soltar después de 40 años de hacer lo que les da la gana con los usuarios.
El problema de la educación, que es tipo político–ideológico, también fue un legado que la dictadura nos dejó de herencia, con raíces y daños que tomarán años para subsanarse.
Hay que limpiar la imagen que tiene Panamá como un centro de distribución de coca y de otras drogas que corrompen a nuestros jóvenes, niños y adultos, y que a la vez convierte al país en el escenario de los tumbes, con venganzas espeluznantes entre los actores, y crea un ambiente de intranquilidad en términos generales.
Tratar de incluir toda la problemática que no queremos afrontar es casi imposible en un artículo como este. Sin embargo, hay que señalar que con soluciones improvisadas cada cinco años (periodo de cambio de partido y orientación de acuerdo con nuestro sistema electoral) y con una centralización del poder en manos del presidente electo, difícilmente se resolverán los problemas.
Si queremos mejorar, sobre bases sólidas, hay que iniciar con una regeneración de la mayoría de nuestros sistemas (reingeniería), lograr la participación de los actores rurales y urbanos para obtener un consenso y contar con más equipos multidisciplinarios y comités con metodologías aplicables basadas en el consenso de los actores rurales y urbanos.
Los asentamientos informales, que representan un porcentaje considerable de nuestra población, tienen que ser atendidos con carácter de urgencia para integrar a sus miembros a la ciudad. La población indígena deberá ser saneada y educada para que pueda beneficiarse de las tierras que la Nación les ha concedido para su futuro desarrollo y crecimiento.
Los corregimientos, los municipios, los distritos, los pueblos, los barrios y las ciudades, todos necesitan –en menor o mayor escala–, una regeneración de las calles, aceras, la infraestructura sanitaria, del sistema de producción de agua potable, de la disposición de los desechos orgánicos y de la basura, que nos está ahogando. A la par, habría que contar con más espacios verdes, centros culturales y religiosos, caminos para bicicletas y campos de juegos para los jóvenes y adultos. Es necesario desarrollar talleres y otros centros de producción y empleos que sean accesibles a las áreas residenciales; no como ocurre actualmente que para llegar a las escuelas y a los trabajos, las personas tardan hasta cuatro horas (ida y vuelta).
¿Hasta cuándo vamos a continuar con esta caótica situación? ¿Tendremos suficiente voluntad y disposición para contribuir con las autoridades y “partir de lo posible para llegar a lo deseable”, (Polan Lacki). Lo deseable son ciudades y pueblos sostenibles en su proceso de planificación a corto, mediano y largo plazo.
Con una programación de nuestras aspiraciones y objetivos, podremos labrar nuestro camino hacia una regeneración integral, cambiando las actitudes negativas y personalistas, como primer paso.
Como segundo paso, habría que ajustar todo el sistema judicial y respetar el principio de que las leyes que rigen a la sociedad serán aplicables a todos los ciudadanos. Esto último se puede aplicar a los reglamentos de zonificación y de la altura de edificios para que no perturben el ambiente y se evite el uso de materiales tóxicos.
Un tercer punto a considerar es la educación, que tiene que ser programada para que los estudiantes sean inquisitivos, investigadores, ayuden a salvaguardar la integridad del país y puedan participar en su regeneración.
En cuarto lugar, el sistema político tiene que revisarse a través de un consenso nacional. Necesitamos más seguridad, pero para lograr ese objetivo no es necesario militarizar el país. Con una educación y condiciones apropiadas, se puede lograr un mejoramiento en el comportamiento de la sociedad para su propia seguridad.
En quinto lugar, habría que considerar el goce de una buena salud, como punto de partida para que toda la población en la medida de su capacidad y condiciones físicas contribuya en la planificación, en la elaboración de los proyectos y en su ejecución.
Finalmente, debemos combatir el virus de la indiferencia y orientar nuestras acciones en procura del mejoramiento de nuestras ciudades, pueblos y asentamientos por medio de la planificación. Con estas consideraciones, creemos que se podrá enderezar el entuerto en que vivimos y que nos impide avanzar, porque no utilizamos nuestros recursos humanos y materiales en toda su capacidad.
El autor es investigador y planificador del hábitat humano
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