El Presidente se rasgó las vestiduras en Nueva York el pasado martes, durante el sexagésimo tercer período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. Allí dijo que “cada vez cobra mayor relevancia la forma de relacionarnos con los ecosistemas que sostienen la vida en todo el planeta, y sus implicaciones para la sobrevivencia de nuestra especie y de la civilización”.
Un razonamiento que le queda grande a su gobierno, tomando en consideración que tiene en su Gabinete unos ministros para quienes los manglares no son más que un obstáculo en su afán de lucro; que tiene directores en entidades protectoras de mares, más interesados en la pesca industrial que en la conservación de sus especies, o entidades que cuidan más los intereses particulares de grupos empresariales, que nuestros recursos.
Es un doble discurso repulsivo. Sin ir más lejos, vemos cómo un empresario “amigo” se ha llenado los bolsillos, mientras el gobierno cierra los ojos ante lo que será una devastación ambiental a causa de sus minas. ¿Es esa su idea de conservación y desarrollo? |