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Panamá, domingo 28 de septiembre de 2008
 

EXPEDICIÓN. ESFUERZO, AVENTURA Y LOGRO.

Conquistando la cima

Son los primeros panameños en llegar a la cima de la montaña más alta de Europa.

Después de haber ascendido por casi 10 días, tuvieron que descender en 10 minutos porque se acercaba una tormenta.

CORTESÍA/Helly Hansen
EQUIPO. De izquierda a derecha: Iñaqui Lasa, Nicolás Epifanio, Athena Cardoze, Gilberto Ceballos y Yanco García en el monte Elbrus.1095605
Mireya Monroy
mmonroy@prensa.com

Los aventureros Nicolás Epifanio, Gilberto Ceballos, Athena Cardoze, Yanco García e Iñaqui Lasa se convirtieron en los primeros panameños en alcanzar la cima del monte Elbrus, la montaña más alta de Europa.

Situada en la parte occidental de la cordillera Cáucaso, en Rusia, el monte Elbrus tiene 5 mil 642 metros de altura.

Según Epifanio, quien practica el montañismo desde hace cuatro años y medio, el afán por este deporte siempre lleva a querer alcanzar una cima más alta.

Para Ceballos, la meta era destacar a Panamá en el mundo del montañismo. “El monte Elbrus es una montaña con un acceso difícil, pero gracias al espíritu conquistamos el sueño”.

La expedición, realizada en agosto de este año, duró casi 10 días, contó Ceballos. Los primeros días realizaron ejercicios de aclimatación, subiendo otros cerros. El 11 de agosto lograron superar la prueba.

ASCENSO

Comenzaron a las 2:00 a.m. A los 5 mil metros de altura, cuenta Epifanio, se empezaron a sentir mal; pero ignoraron el dolor y las ganas de abandonar la aventura y continuaron el ascenso.

Cada paso era un esfuerzo y un desgaste de energía enorme, detalla Ceballos, sin contar que estaban arriesgando sus vidas a causa de una posible avalancha o una caída montaña abajo. Una caída como la que precisamente tuvo la cámara de fotos de Epifanio.

Al final de la aventura, al llegar a la cima y con una temperatura de casi -25 grados, se aproximaba una tormenta y tuvieron que iniciar el descenso. Y entonces, las ironías de la vida: después de haber ascendido por casi 10 días, tuvieron que descender en 10 minutos.

Fue corto, pero intenso. Según Epifanio, mientras descendían se abrazaban, lloraban y mostraban al mundo la bandera panameña. “El paisaje es un espectáculo; todo te parece bien, no importa el cansancio, la falta de oxígeno, las llagas en la manos y los pies; además de los malestares corporales, dolores de cabeza y problemas gástricos por el cambio, entre otros”.

El descenso le dio más miedo a Epifanio, dijo él mismo, pues al empezar de noche “ solo te concentras en los pasos que das, solo ves culebras de luces de otros grupos que van subiendo”; mientras que de día, señala, “ ves todo lo que has subido, todo lo que te falta y allí te descorazonas un poco”.

¿Un detalle memorable? Para Epifanio, la odisea de alimentarse siendo vegetariano en un lugar donde se come tanta carne y grasas.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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