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Panamá, domingo 28 de septiembre de 2008
 

EL DOCUMENTO NO SE PRESENTÓ. HAY QUE DAR GRACIAS DE VERDAD.

Raíces
Un proyecto de nuevo tratado

Fue el domingo 26 de septiembre de 1915, cuando en el periódico titulado ‘La Estrella de Panamá’ apareció ocupando prácticamente toda la primera plana una copia del proyecto de las reformas, elaboradas por el Dr. Eusebio A. Morales. Para ese entonces, nuestro representante ante el Gobierno de Washington de seguro que actuó obedeciendo indicaciones de su superior. Se trataba de reformas al ya firmado y aprobado tratado conocido como Hay-Bunau Varilla, que ya había producido numerosos perjuicios en ciertos aspectos del futuro de nuestro país. Si se hubieran aprobado las reformas, las protestas por parte de un número considerable de ciudadanos quizás hubiesen sido mayores. Pero el documento, para bien de todos nosotros, no fue ni tan siquiera presentado ante la Asamblea Nacional. Se dice que fueron enemigos políticos del presidente Belisario Porras y del ministro Eusebio A. Morales, entre otros, los que habiendo hallado el citado documento, lo pasaron al periódico arriba mencionado, el cual más que rápido y contento lo publicó. Ya veremos en los textos que, de haber sido aprobado, no hubiera ofrecido un solo día sin estar llenos de miedos y preocupaciones, sobre todo a la mitad de la población, o sea la de los varones y a sus familiares. En nuestras fotos de hoy, les hacemos conocer un facsímil de la página del periódico, cuyo nombre ya lo dimos. Los textos que interesan de allí se los copiamos para que los puedan leer. Hay también una foto del presidente Belisario Porras en su despacho con el ministro Eusebio A. Morales. Uno de los caballeros, situado atrás, es Jephta B. Duncan. Al resto de los que aparecen no los pudimos identificar. En la otra fotografía está el estadounidense Robert Lansing, secretario de Estado durante esa época. Estos hechos nos parece que no son muy conocidos, y por eso y porque hacen parte de nuestra historia, se los hemos deseado mostrar. Hablando de otro tema, el amigo y en ocasiones cooperador de estas ‘Raíces’, Santander Casís, nos recuerda que la composición musical ‘Conga’, muy popular por cierto y a la cual bautizó con el nombre de Panamá, fue también obra de Ernesto Lecuona. Nosotros no la recordábamos. Gracias, pues, a Casís. Hasta en los campeonatos de béisbol llevados a cabo aquí, cuando ganaba Panamá, aquella canción se sentía por todo el estadio. Y para los pocos que no sepan qué significa conga, este es el tipo de música que acompañaba en los carnavales cubanos a las comparsas que salían a las calles a bailar y a cantar.1094798

En este caso, sí que ciertos desconocidos actuaron de acuerdo con el buen sentir general. Se trataba, según hemos podido investigar, de un proyecto de tratado que fue elaborado en Washington por nuestro representante en el país del cual era esa ciudad la capital, pero que parecía que aún no se había conocido su contenido por acá.

¿Estaría solo en estudio? ¿Nunca se pensó que la ciudadanía al conocerlo lo iría a rechazar? ¿Fue una imposición de los políticos estadounidenses? Vayan ustedes a saber qué fue lo que realmente sucedió.

Y es que en todo caso, ya les dijimos que enemigos de nuestro gobierno fueron los que lo descubrieron (¿tendrían que ver algo con nuestra Embajada?) y que el periódico que mencionamos afortunadamente lo pudo destapar.

Vamos, pues, a pegarle un repaso para comprender las palabras contenidas en casi toda su extensión.

Los preliminares del documento nos explican que el citado tratado fue planeado, ya que al finalizar las obras del Canal, el acuerdo Hay Buneau– Varilla suscrito el 18 de noviembre de 1904, ya había perdido su valor y también su interés. Era necesario entonces planear uno nuevo que, según sus gestores, establecerían las bases para una mayor cooperación entre nosotros y la potencia norteña.

Pero algunos de sus artículos para nada que nos irían a convenir. Veamos por qué.

La primera parte del artículo VII del proyecto de tratado que hoy nos ocupa decía así: “La República de Panamá se obliga a establecer un sistema de enseñanza militar obligatorio de conformidad con arreglos posteriores que se hagan entre los dos gobiernos, siendo entendido que el Gobierno de los Estados Unidos de América suministraría a Panamá gratuitamente los armamentos y equipos necesarios para la enseñanza y los instrumentos que fueran indispensables”. ¡Qué horror!

En el mismo artículo también se añade que “en caso de guerra entre los Estados Unidos de América y cualquier otro país, aquel país puede requerir a la República de Panamá para que se llame al servicio militar a todos los ciudadanos capaces de tal servicio, con el fin de defender el territorio de la Zona del Canal”. ¡Peor!

Y ya como si fuera poco y para rematar, tenemos otro artículo del afortunadamente rechazado tratado que decía así: “En casos de rebeldía armada o de movimientos revolucionarios armados que le impidan al Gobierno de Panamá el ejercicio de su autoridad constitucional legal o que destruya esa autoridad. En esos casos, la intervención de los Estados Unidos de América se llevará a cabo cuando la pida el poder ejecutivo de la República de Panamá”.

Y lo más lamentable es que si se contabilizan las veces que nuestros gobiernos solicitaron la referida intervención, nos encontraríamos que fue con mucha asiduidad. Por eso, lo único que nos conviene es mantener nuestra neutralidad. Nada que deje entrever que estamos con el más de acá o con el más de allá. ¡Ojalá esto se siga practicando y nos logre ayudar!

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Procesadas por Ricardo López Arias
Comentarios: vivir+@prensa.com

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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