ESTRATEGIAS PARA REDUCIR LAS EMISIONES.
La aviación civil y el medio ambiente
Yosela Escudero
opinion@prensa.com
La aviación es la forma más rápida y directa para transportarnos de un lugar a otro y es indiscutible que sería imposible obtener un pleno desarrollo económico sin la industria del transporte aéreo, sin embargo, el tema de las emisiones de carbono está estrechamente vinculado con esa aviación civil internacional, lo que produce inquietud en la humanidad, toda vez que se considera que dichas emisiones afectan de manera directa nuestro ambiente, específicamente, con el calentamiento global y el cambio climático.
En vista de que la industria aeronáutica solo genera menos del 2% de las emisiones contaminantes del mundo, siendo este un margen sumamente bajo, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha formulado estrategias y medidas que pueden aplicar los 190 Estados contratantes para reducir las emisiones y evitar que se supere ese porcentaje en un amplio margen a lo largo de los años. Las opciones que han de considerarse comprenden medidas voluntarias, avances tecnológicos tanto respecto de las aeronaves como de los equipos basados en tierra, medidas operacionales más eficaces, mejoras en la gestión del tránsito aéreo, incentivos económicos y medidas basadas en criterios de mercado.
Panamá, comprometida en la participación y ejecución de las medidas, ha seguido las recomendaciones para reducir y mitigar las emisiones de sus líneas aéreas y de las extranjeras modernizando la flota, implementando aproximaciones satelitales que permiten reducción de tiempos de vuelo, menos consumo de combustible y construyendo aeropuertos verdes.
Este trabajo que desarrolla Panamá para cumplir con la humanidad, la OACI y el Protocolo de Kyoto –de los cuales somos Estado parte– se ve afectado por los países del primer mundo que buscan un comercio de emisiones y no soluciones en concordancia con el resto de la comunidad internacional, y sin un enfoque global que logre un verdadero impacto para reducir emisiones. Lo anterior es así porque los Estados miembros de la Unión Europea han alcanzado un acuerdo para incluir, a partir de 2012, la aviación civil en el sistema comunitario de comercio de emisiones de CO2. Esta decisión unilateral implica que se fijará un tope de permisos de contaminación a las aerolíneas y las que superen el límite tendrán que comprar derechos suplementarios en el mercado a otras industrias. Esta norma se aplicará a las aeronaves que aterricen o despeguen en aeropuertos de la UE, ya sea de compañías aéreas europeas o extranjeras.
Si bien es cierto que en la Convención de Chicago no hay disposición alguna que pueda interpretarse como que se pueda imponer a las partes contratantes la obligación de obtener el consentimiento de otras partes contratantes, antes de aplicar medidas basadas en criterios de mercado, la medida tomada es discriminatoria. Panamá, ante este acuerdo puede entender que si pagas, puedes contaminar, lo cual es absurdo. No aprobamos esta medida, ya que no ha sido consensuada, consideramos que es arbitraria y afecta a países como el nuestro, debido a que el acuerdo de la UE alcanzaría a nuestras líneas aéreas cuando intenten volar directo a Europa, sin embargo, las líneas aéreas europeas que aterricen en nuestro aeropuerto no serán objeto de la medida y los ingresos y retribuciones económicas los percibirá la Comunidad Europea, no así nosotros. La EU debe concentrarse en implementar otro tipo de políticas como la de mejorar la eficiencia en sus sistemas de tráfico aéreo, para que sus líneas no emitan CO2 innecesario. Esta acción repercutirá directamente en el pasajero, ya que el pago que haga la línea aérea para entrar a la UE se le cobrará al pasajero.
Panamá apoya los lineamientos que da la OACI y que sigue el resto del mundo y no así la imposición de un grupo de países. Debemos trabajar en una política de Estado, juntar esfuerzos con nuestra Autoridad Nacional del Ambiente para alcanzar resultados más enérgicos y ser conscientes de la necesidad de juntar esfuerzos para conservar nuestro planeta.
La autora es subdirectora de Transporte Aéreo de Aeronáutica Civil de Panamá
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