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Panamá, domingo 28 de septiembre de 2008
 

SECRETISMO PRESIDENCIAL.

Sin preguntas

1095874Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

WASHINGTON, D.C. –Me cuentan que esta última reunión entre Martín Torrijos y George W. Bush fue más una despedida que una discusión de temas sustantivos. Incluso, intercambiaron regalos: Torrijos le llevó un sombrero panamá a Bush, y éste devolvió el gesto con un sombrero de cowboy. La enternecedora ceremonia se condujo a puerta cerrada, con el usual secretismo de los participantes.

Sin embargo, Bush no extendió todas las cortesías posibles a Torrijos, porque los visitantes a la Casa Blanca tienen un rango demostrado por el tratamiento que reciben. Los más consentidos reciben una cena de gala en su honor (de smoking) y el Presidente de Ghana fue homenajeado con una cena así días antes de la visita de Torrijos. Por otro lado, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, fue a la Casa Blanca días después de Torrijos y a él lo agasajaron con una “cena social” (de saco y corbata), además de una miniconferencia de prensa en el Jardín de Rosas (solo dos preguntas por mandatario).

Por ello es curioso que la cita en la Casa Blanca fue a la 1:00 p.m., pero no incluyó una invitación a almorzar. A Torrijos lo habían invitado a almorzar en una ocasión anterior, pero no esta vez. Tampoco hubo conferencia de prensa en el Jardín de Rosas; los dos mandatarios ni siquiera tomaron preguntas mientras posaban para fotos al final del encuentro. La reportera de Associated Press intentó preguntarle algo a Bush, pero él se hizo el que no la oía y sus subalternos inmediatamente echaron a los periodistas del salón. Reichman le reclamó a Bush que no ha tomado preguntas desde el 6 de agosto, pero fue inútil. (Ver video en http://latimesblogs.latimes.com/presidentbush/2008/09/press-conferenc.html). Incluso con la actual crisis financiera, Bush está tratando de vender su plan de rescate sin tener que encarar a los medios y responder a preguntas; no ha convocado una verdadera conferencia de prensa en más de dos meses.

Igual que Bush, Torrijos huye de los medios como ratón que huye del gato. Es el primer Presidente desde la caída de la dictadura que rutinariamente viaja sin estar acompañado por periodistas, y que va a la Casa Blanca sin detenerse a la salida a dar declaraciones y sin hacer después una rueda de prensa con los medios panameños. Como criticó un editorial de La Prensa a fines de agosto, Torrijos esquiva el escrutinio periodístico para entonces derrochar millones en deshonesta propaganda oficial que no admite preguntas.

Quizás les interese saber cómo es la escena periodística, tras bastidores, en la Casa Blanca. Comenzaré por decir que a diferencia de la última reunión entre Torrijos y Bush, la Embajada sí gestionó mi acceso a la Casa Blanca esta vez (y muy cortésmente). Yo era la única periodista panameña allí, pero fue –como verán– una pérdida total de tiempo.

En primer lugar, la Casa Blanca exige que uno llegue muchísimo antes de la cita; pasar por la revisión de documentos, los detectores de metal y los perros anti–explosivos toma su tiempo. Después, uno espera y espera –de pie– y al fin se escuchan las sirenas de la caravana oficial que se acerca. El carro del mandatario arriba y éste entra inmediatamente a la Casa Blanca; los periodistas observan desde lejos y difícilmente alcanzan ver siquiera quién ha entrado junto al Presidente extranjero.

Durante la reunión, los periodistas nuevamente esperan, a veces de pie y expuestos a la intemperie (aunque esta vez nos dejaron entrar al salón de periodistas y sentarnos). Cuando llega el aviso de que se podrá entrar a la Oficina Ovalada para el photo–op al cierre del encuentro, los funcionarios estadounidenses organizan el pelotón de periodistas: Adelante van los camarógrafos, después los fotógrafos, después los periodistas asignados permanentemente a la Casa Blanca, y de último los periodistas extranjeros.

Algunas veces el pelotón ha sido pequeño y yo he podido quedar en primera fila dentro de la Oficina Ovalada, aunque jamás se me ha permitido hacer una pregunta. La semana pasada, por contraste, el pelotón era enorme; de modo que cuando logré entrar, ya el presidente Bush había comenzado a hablar y yo estaba muy atrás. Después, esperé afuera de la Casa Blanca para ver si Torrijos se detenía, pero no lo hizo; se subió al carro, dijo adiós con la mano como si fuera reina de Carnaval, y se alejó apresuradamente. Sus funcionarios siguieron rápidamente.

Así son las cosas entre Torrijos y Bush: en su devoción al secretismo, son tal para cual.

La autora es corresponsal de ‘La Prensa’
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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