Es lastimoso decirlo, pero la Patria Nueva ha dejado caer la careta y muestra su verdadero rostro, desfigurado por la codicia y la ambición de funcionarios que, cual aves de rapiña, engullen con voracidad los bienes del Estado. Los ejemplos son tan numerosos como escandalosos: la fibra de vidrio y la consecuente pérdida del año escolar, así como el hurto de esculturas.
No olvidemos los sobre costos del programa “Conéctate al Conocimiento” o los de la autopista Panamá-Colón; el uso de material del Ministerio de Vivienda con fines electoreros; macabras concesiones con réditos ridículos; espléndidos regalos para clubes de yates; tierras para los tíos queridos o para el amigo carnal.
Los programas sociales –incluidos lentes para niños, los prodec, los fis o los fece– son como gruesos chorros de dinero lanzados a un mar de compañías inventadas para obtener dinero estatal con excusas etiquetadas descaradamente como “obras sociales”. Todo ello sin contar un cuestionado dinero recibido de supuestos trabajos realizados en el extranjero. ¡Qué “edificante” legado nos deja la Patria Nueva! |