IDEOLOGÍAS.
Los verdaderos revolucionarios
Charlie Del Cid
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Cada cierto tiempo, recuerdo mis primeros encuentros cercanos con el marxismo allá por 1983. Mi profesora de historia universal nos hablaba con tanta pasión del sistema fundado por Marx y Engels. Eso, unido a las diferencias sociales que había entre mis compañeros y yo, me hacía pensar que ese sistema era lo que el mundo necesitaba. Ya para entonces estaba en las cosas de la Iglesia, así que el marxismo chocaba con lo que me decía el Evangelio. Pero no pocas veces oía a alguien decir que Cristo fue el primer comunista, por aquello de su distribución de las riquezas.
Más atrás están los recuerdos de la década de 1970. Veía cómo varios amigos de la barriada tenían en sus casas pósteres de Che Guevara, Fidel o habían conseguido una beca para estudiar en Cuba. Cuando estudiaba en la Universidad de Panamá, hacia finales de la década de 1980 veía las diversas facciones estudiantiles (FER, Partido Socialista de los Trabajadores, Partido del Pueblo) que formaban a sus “compañeros” en la doctrina marxista.
Lo que me llamaba la atención eran los revolucionarios, los que arengaban las protestas, los que llamaban a cerrar las calles –sobre todo los de derecho–. Apenas tomaban una pasantía o empezaban a recoger algo de dólares, se les iba lo revolucionario. Se matriculaban en la cátedra de Fukuyama y se volvían más capitalistas que la gente de Wall Street.
Años después, siendo profesor de filosofía en una prestigiosa universidad privada, me topé con unos estudiantes de derecho que llamaron mi atención. Estos jóvenes sabían más filosofía que el profesor. Se proclamaban socialistas. Pero no como los de la Universidad de Panamá: los que hablaban de lucha de clases, de guerrillas, de patria o muerte. No, éstos me hablaban de anarquía, de Prudhomme, de que el socialismo no quiere que todos seamos pobres, sino que todos seamos clase media. Entendí que era el socialismo europeo, donde no hay pobres y los obreros ganan muy bien.
Hoy, veo lo que sucede con el padre Ernesto Cardenal en Nicaragua. Él, como otros teólogos latinoamericanos, se unió a los proyectos marxistas. En algunos países como en Nicaragua, los marxistas lograron que sus proyectos llegaran al poder. Pero qué es lo que han hecho: repartir riquezas, pero no producirlas, y propiciar grandes escándalos de corrupción. Se vuelven más dogmáticos que los dogmáticos a quienes criticaban. Y si alguien se les opone lo acusaban de traición a la revolución.
Se confirma la tesis de que la verdadera revolución es la de adentro. Ya decía Jesús: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. (Mateo 11:11–12) ¿Qué quería decir Jesús? ¿A qué violencia se refería? No basta cambiar las estructuras si no cambian los corazones. Hazte violencia tú. Niégate a ti mismo. No sigas siendo esclavo del consumismo, de tus pasiones. Hazte dueño de tu historia y no dejes que las circunstancias sean dueñas de tu vida.
El autor es profesor de filosofía
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