ADMINISTRACIÓN HONESTA.
Panamá es un Estado, no un partido político
1094536Edgardo Lasso Valdés
opinion@prensa.com
¿A qué se deberá la sostenida tesis de nuestros políticos, tanto en gobierno, como en oposición, de que, el Estado panameño, nuestro querido y sufrido Panamá, no es más que un conglomerado de etnias, bajo el control absoluto de un minúsculo grupo de ciudadanos, autollamados políticos, quienes pintados de colores y con banderolas de diferentes diseños, se disputan cada cinco años el poder de administrar la Hacienda Pública?
Por lo menos, esa es la percepción que pareciera explicar la actitud de quienes se activan en la política partidaria y que, se hace más obvia cuando se logra el triunfo en las elecciones. La repartición de los más altos e importantes cargos públicos, la sustitución de eficientes empleados estatales por improvistos miembros del partido triunfador.
La crítica permanente a los gobiernos anteriores, para tratar de justificar la ineficiencia e incapacidad del gobierno de turno. En primera instancia, el Estado o país, como quiera llamarlo cada político, según su entender de lo que significa “La República de Panamá”, es la patria que nos cobija a todos los panameños, incluyendo a todos los ciudadanos de otros países que conviven con nosotros. Entonces, siendo esto así, ¿De dónde nace la práctica egoísta e irresponsable de que el país le pertenece, por el período de cinco años, para hacer de él y con él, lo que más le convenga, a los gobernantes de turno?
El Estado panameño es la región geográfica, reconocida a nivel internacional, como la República de Panamá y con un gobierno compuesto por hombres y mujeres electos democráticamente, para administrar en forma diáfana y responsable los destinos del país. ¿No sería más honesto buscar soluciones a los problemas, independientemente del tiempo de existir, en lugar de repetir que son problemas heredados y por eso no los atienden?
Para mí, como ciudadano de mi patria, eso no es más que la aceptación tácita de la incapacidad del gobernante de turno, de saber encontrar la solución a los ingentes problemas del país.
Es responsabilidad exclusiva de un presidente ejecutivo, dirigir el país por senderos de bienestar y orden constitucional, por supuesto que escogiendo a sus ayudantes; ministros, jefes de instituciones públicas, entre los mejores ciudadanos del país, con los expertos más reconocidos, para ordenar la educación general, la salud pública, la seguridad, las vías de comunicación, el transporte colectivo de pasajeros, las finanzas del Estado, es decir, comprometer todo su tiempo y esfuerzo, durante el período de su mandato constitucional. A corregir entuertos y dirigir con la responsabilidad de un buen padre de familia, las finanzas públicas.
Si los países industrializados, los llamados del primer mundo, supieron encontrar el camino correcto para la convivencia pacífica de sus habitantes, no tenemos más que imitar su modelo de gobierno, aplicando medidas prácticas para mantener hospitales funcionales, escuelas públicas dignas, red de carreteras y vías de comunicación fluidas, transportes colectivos de pasajeros cómodos, seguros y prácticos; empresas comerciales con capacidad para absorber a los egresados de escuelas y universidades.
Si los políticos se auto convencen de que si dedican todo su tiempo y esfuerzo en la búsqueda de forjar una patria segura para todos sus habitantes, serán distinguidos como ciudadanos probos, honorables y dignos de imitar por las futuras generaciones, no tendrían necesidad de gastar tanto dinero, ni repetir tantas mentiras, ni engañar a los votantes, ofreciendo cosas imposibles de lograr.
Ser honestos consigo mismos, prometiendo dedicar todo su tiempo e intelecto en la búsqueda de mejores oportunidades para todos, así son los políticos que necesita nuestro país con urgencia, para salir del sub-desarrollo que nos agobia.
Si desean disfrutar de los honores de la máxima magistratura del país, entréguense responsablemente a administrarlo con honestidad.
El autor es banquero
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