IRRESPETO A LA NACIÓN.
La política y los políticos en Panamá
Guillermo Roca Rivas
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Política, es la obra filosófica de Quevedo desde 1626. La manera de dirigir los asuntos públicos de un Estado, gobierno y de una Nación. La manera en que se conduce un individuo en su vida personal. A pesar de ser la política una actividad de tanta importancia e imprescindible en todos los estamentos del Estado y de la sociedad, los malos y tradicionales políticos del país la han convertido en un ente de incredibilidad, menosprecio y en un mecanismo de conveniencias y fuente de riquezas mal habidas, que le han hecho perder el respeto y la estima de la sociedad.
Se habla tan mal de la política y de los políticos tradicionales, que si en algunos existiera la vergüenza, la dignidad y el respeto a su propia persona, ninguno querría ser un político tradicional.
Hablar de la política patriótica en Panamá, es hablar de hipocresía, demagogia y de ultraje a la patria, sobre todo, entre aquéllos que forman esos gremios, tanto del Gobierno como de la oposición.
Es penoso escuchar a ciertos políticos cuando invocan el nombre de la patria y de los sectores marginados en sus campañas proselitistas, cuando en el fondo y sus intenciones solo buscan sus propios intereses a costa de la Nación, mediante el mecanismo de sus componendas partidistas y personales.
La patria no solo se siente lastimada por los gobiernos sino también por la sociedad civil, cuando vemos a los integrantes de los sectores y de los gremios docentes, médicos, empresarios, transportistas, sindicatos laborales, etc. exigiendo el 95% de los derechos y beneficios para ellos y, de apenas del 5% para el beneficio de la nación y los sectores marginados; o cuando otros reclaman sueldos, privilegios y canonjías que han sido aprobados mediante leyes creadas bajo el poder de las burocracias de turno, haciéndolas legales en su mecanismo pero inmorales en su aplicación y contenido. Ello constituye un irrespeto a la nación y un saqueo al fisco nacional.
El mal concepto que tiene la sociedad de los políticos tradicionales no es culpa de los pueblos, sino de ellos, por su conducta y acciones frente a los diferentes órganos del Estado. Es lamentable, pero cierto, que todo lo malo que se hace en Panamá, tiene en el fondo la macabra etiqueta de la política. La política de nuestros políticos los impulsa a alcanzar sus aspiraciones, para después hacer alardes de vanidad, para llamarse yo soy el honorable diputado, el representante de corregimiento, el alcalde del distrito equis y, en forma sonora, el “excelentísimo señor Presidente de la República”, y después darse a la tarea de perseguir y coaccionar a sus adversarios y enemigos políticos.
¿Cuál cree usted que es la intención de tantos candidatos a elección y reelección popular en las diferentes posiciones? ¿Perpetuarse en la posición, sabiendo que el Estado y la Nación es una mina y una fuente de riquezas mal habidas? Lo triste de esta situación es observar la falta de madurez y orientación de las clases populares, cuando hacen filas para llevar al triunfo a aquellos que no respetan su dignidad y sus derechos como panameños.
Durante los torneos electorales se vota en base a fanatismos, sin reflexionar sobre las cualidades y responsabilidades del aspirante; luego vendrán los lamentos por la equivocación.
Por otra parte, los políticos se aprovechan de la inmadurez de los sectores populares –que son las mayorías– a fin de mantener la hegemonía en el sector político y, con ello, seguir manejando el destino de la Nación, es decir, a los políticos no les conviene educar y orientar a las clases populares, porque así pueden seguir explotándolas en cada contienda electoral, y perpetuarse en su gran negocio político.
El momento es el adecuado para que los políticos de la oposición le demuestren a la patria su amor y respeto, deponiendo sus intereses, en aras de la conformación de una alianza de partidos.
Es necesario, para el buen futuro de la nación, que tanto el empleado público, como el hombre común se conviertan en centinelas de la patria sin el temor a las represalias y las amenazas. Porque así como es de urgente necesidad la descentralización de los despachos públicos del Estado, también urge el respeto de los líderes políticos de arriba, para evitar los abusos que interrumpen el cumplimiento de la justicia por la culpa de la presión sicológica que sufren algunos funcionarios.
La política no es culpable de la deshonestidad nacional, los culpables son aquellos que la ejercen y la manejan. Ahora, la patria se apoya en la esperanza de la juventud política, aún libre de ignominias, en la fe de que se ocupe de la recuperación del prestigio político y moral de la Nación y que no cambien sus promesas por sus intereses personales.
Ojalá durante el próximo torneo electoral los panameños, sin distingo de clases, se concentren y enfoquen en elegir a los mejores hombres y mujeres dirigentes, y así evitar otro fenómeno político que después tengamos que lamentar todos los panameños.
El autor es empresario
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