Para muchos políticos, la democracia no representa el ideal de la mejor forma de gobierno representativa de la voluntad popular. Para ellos, la democracia es solo un negocio apetecible como forma fácil de vivir cómodamente. No obstante, la democracia es inconcebible sin la pluralidad ideológica que se supone garantizan los partidos políticos.
Pero los panameños estamos pagando un precio extraordinariamente alto en comparación con la calidad de la oferta política criolla. Cuando se mira el subsidio que recibirán los colectivos políticos para enfrentar sus gastos, la cifra es grosera: casi 34 millones de dólares, sin contar las donaciones que reciben para participar en la contienda, deducible del impuesto sobre la renta.
No solo es excesiva esa cantidad de dinero, sino que los que pagamos ese impuesto disfrazado somos los últimos en la fila de sus prioridades.
Para que ese gasto tenga alguna justificación, es imperativo darle otro matiz a la mediocridad política actual, eliminar el clientelismo alimentado con nuestros recursos e imprimir ética a las actuaciones públicas cada día más desacreditadas. |