INTERROGANTES.
La pérdida de una obra
Rodolfo Bundy
opinion@prensa.com
Tras la denuncia de la inexplicable desaparición del conjunto escultórico Juegos de Antaño, que dicho sea de paso, pesaba cerca de 35 toneladas en bronce, quedan muchas preguntas y ninguna respuesta, hasta el momento. ¿Quién ordenó el traslado del conjunto del Museo en Albrook, donde estaba en permanente exposición? Si una vez facturaron 60 mil dólares por el traslado de Atlapa hasta Albrook, ¿cuánto se pagó esta vez por dicho trabajo de remoción y transporte? ¿Quién firmó la nota de entrega o recibo de las piezas en el Parque Omar? ¿Quién era responsable de vigilar el depósito desde que llegó hasta el día que se reportó su desaparición? ¿Es posible que se cargue con 35 toneladas de peso sin dejar huellas y que nadie haya visto nada?
Este hecho sin precedentes en la historia nacional, debe llamarnos a la reflexión a todos, pues todos tenemos un rol que jugar para evitar que estas situaciones bochornosas ocurran ante nuestras narices una y otra vez.
Somos los ciudadanos, los llamados a pedir cuentas a las autoridades por sus actos en calidad de empleadores y patrocinadores, a través de nuestros impuestos, de todas sus acciones, a los políticos y autoridades politiqueras involucradas que, por mezquindad y miopía como parte del Gobierno, optaron por esconder la obra de un gobierno rival, como si escondiendo el cadáver anulan al muerto. La historia juzga y no perdona. Un error como este sería motivo más que suficiente para que varios presentaran su renuncia desde que se supo la irreparable pérdida.
Corrupción no solamente es robar, despilfarrar los recursos y pedir coimas, también lo es administrar con desidia los recursos estatales, por eso, tan culpables son los que secuestraron a los niños y niñas de las esculturas como aquellos que, por descuido o pereza, no se percataron de lo que ocurría. Esperaremos a ver qué dicen las autoridades y si encuentran a algún culpable.
El autor es ingeniero náutico
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