INCOMUNICADOS.Indígenas caminan más de ocho horas.
Cuando los caminos y los puentes no están
Ministerio de Obras Públicas se comprometió a reparar el paso, pero los trabajos no se inician. Una mujer embarazada cayó de la estructura por el mal estado en que se encuentra la misma.
| ESPECIAL PARA LA PRENSA/Boris Gómez |
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| MORA. El puente de Sangrillo cedió y hasta el momento no ha sido reparado. 1089665 |
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Boris Gómez
DAVID, Chiriquí.
Sangrillo no está tan lejos como para que su gente sufra por deficiencias en la red vial.
Es una zona bananera que está a solo a media hora de la ciudad de Puerto Armuelles, pero llevan dos años arriesgando la vida para poder cruzar el río San Bartolo.
Cuando cedieron las bases del puente peatonal, los estudiantes tenían que quitarse la ropa para poder cruzar el río y llegar secos a la escuela. Corrían el riesgo de que una crecida los arrastrara, declaró Salustiano De Gracia, dirigente sindical bananero.
Luego hicieron unas reparaciones que apenas dejan que la gente lo cruce, pero siempre se persignan.
‘Cruzamos con miedo’
Una mujer embarazada se cayó y casi pierde el niño, relató Amelia Quintero, una de las usuarias del puente. El Ministerio de Obras Públicas anunció en distintas ocasiones la reparación del puente, pero no ha llevado a cabo los trabajos. Una nota de prensa aseguró que los trabajos se iniciarían en la primera semana de septiembre, sin que en realidad las obras hayan comenzado.
Son los tiempos de la construcción de la cinta costera, que puede llegar a costar 225 millones de dólares, pero a José Manuel Ruiz, morador de Sangrillo, no le importan esos millonarios proyectos, solo le interesa que le construyan su puente y nada más.
En la Fundación para el Desarrollo Integral de Cerro Punta, Jorge Pittí señala que los moradores de las comunidades Valle Libre, Ceiba, Guayacán, Bajo Colubre, Alto Urí y Sitio Flores viven en el siglo 19. Son unas 500 personas. Sus asentamientos están en el Parque Internacional La Amistad y como no hay carreteras tienen que viajar caminando hasta 12 horas si quieren salir a Guadalupe o Cerro Punta. Igual viajan a poblados en Bocas del Toro cruzando la cordillera, pero caminan muchas horas.
Según Pittí, esas comunidades no tienen servicio médico y para poder salir de la montaña han desarrollado un ingenioso sistema: Construyeron ranchos para refugiarse de la noche, la lluvia y el frío en el camino a través de la montaña.
Cualquiera que camine 12 horas necesita sentarse a descansar y la noche muchas veces lo sorprende en medio de los cerros, explico Pittí.
La comarca
Este año por primera vez en la comarca Ngöbe Buglé se inició la construcción de caminos en la extensa red vial. Pablo Guerra vive en Guayabito, distrito de Ñurum, en lo que antes era la parte norte de Veraguas y ahora es territorio comarcal.
Guerra tiene la esperanza de que alguna vez la carretera llegue a su comunidad, cuyos mayores enemigos son la temidísima víbora negra y el empinado cerro del Tolí. La víbora negra muerde a uno de sus paisanos cada año y el cerro es el lugar más duro para franquear en un camino que dura ocho horas recorrer para llegar a la carretera más cercana que está en un lugar llamado Buenos Aires.
“Esa culebra es mala y es la más agresiva. Casi no hay esperanza cuando muerde. También están nuestras mujeres que sufren mucho si se les complica el parto”, relata. Para los habitantes de Guayabito un caballo cuesta 10 dolares con guía y todo y ese es un precio muy alto para el poder adquisitivo de esas familias.
Evangelisto Santos, quien vive en Santa Catalina, antiguo territorio de Bocas del Toro, sufre el problema de que para sacar a un enfermo por mar se tiene que pagar 45 dolares y se demora ocho horas en bote para llegar a Kusapín.
“Por tierra demoramos cuatro horas, pero es imposible trasladar a un enfermo”, explicó.
Autoridades de Obras Públicas se defienden
Según el Ministerio de Obras Publicas, se invirtieron en el año 2008 unos 4 millones 815 mil 413 dólares en la construcción de varias carreteras y caminos rurales de producción en la comarca Ngöbe Buglé. Entre los proyectos que se ejecutan y que llevan un buen avance se destaca la rehabilitación del camino de Cerro Sombrero a Chichica, rehabilitación de camino Kankintú-Ñury, entre otros.
La condición de los colonos del PILA es todavía más complicada. Según Jorge Pittí, se encuentran en zonas protegidas y un sistema de carreteras en esa reserva es por el momento un tema sin solución. La construcción de la red vial de la comarca Ngöbe Buglé está empezando.
Hoy el centro de salud de Hato Julí tiene una carretera que permite el traslado de las personas más rápido a ese sector. Falta mucho por construir. Mientras tanto, para Pablo Guerra y Evangelisto Santos, seguirá de moda aquella vieja canción de Joan Manuel Serrat que dice: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
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