Este recién iniciado período de sesiones de la Asamblea Nacional se ha tornado caótico: Los diputados están ahora más concentrados en retener su silla, que en cumplir con su deber como funcionario elegido por las mayorías.
No es que echemos de menos los “goles legislativos” o las ya habitualmente disparatadas iniciativas, sino que este país necesita una verdadera labor de fiscalización y un órgano que sea receptáculo de la opinión de los ciudadanos. Por ello, realmente es una irresponsabilidad abandonar la curul para dedicarse a buscar o suplicar por el voto de los electores, cuando poco han hecho para ganarse una reelección.
Si los honorables diputados hubiesen ejecutado un trabajo en beneficio del país, de la comunidad o por lo menos de su circuito, poco tuviesen ahora que mendigar votos. El electorado recompensa una buena labor, pero lamentablemente los diputados suelen sobreponer sus intereses personales y partidistas al bienestar popular. Ahora seremos nosotros quienes castigaremos con el voto de rechazo. |