MODERNIZACIÓN URBANA.
Telarañas –impactos y conductas– y primer mundo
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
Maruja tiene años de estarme diciendo que nuestras ciudades no pueden aspirar a ser consideradas modernas si se mantiene la horrenda telaraña de alambres aéreos en todas nuestras avenidas. Cuando modernizamos la Mansión Danté lo primero que hicimos fue soterrar la telaraña de alambres que tenía al frente.
Hoy celebramos que el ingeniero Gustavo Bernal, director del Colegio de Ingenieros Eléctricos y Mecánicos, haya llamado la atención sobre el problema, ya no solo por razones estéticas sino por el peligro que corremos todos los ciudadanos a ser electrocutados en cualquier accidente.
El respetado arquitecto Rodrigo Mejía–Andrión también muestra su preocupación sobre el tema en su columna semanal en La Prensa … y en la misma menciona la preocupación de Víctor Urrutia, dirigente de la Autoridad Nacional de Servicios Públicos y la del arquitecto Edwin Brown, quien en sus tiempos como presidente del Instituto de Arquitectura y Urbanismo también mostró su preocupación por las telarañas eléctricas de nuestras ciudades.
Ya países vecinos como Costa Rica y Guatemala nos tomaron ventaja en un asunto tan obvio; no es necesario decir mucho más. La pregunta es qué entidad debe tomar la iniciativa de resolver, y cómo. Podrían comenzar por exigírselo a toda nueva edificación y/o cobrarlo por valorización… pero que se inicie lo antes posible… antes de que se produzca una tragedia humana. Quizás el propio Ing. Gustavo Bernal y su Colegio puedan hacer una propuesta concreta que reciba el apoyo de los medios y de la ciudadanía… y que la presión pública no cese hasta que se inicie la obra con un claro cronograma de terminación.
Otro asunto vital es lograr una ley o regulación que indique que toda nueva edificación sea evaluada respecto al impacto negativo que causa a la ciudad y a la ciudadanía por la destrucción o afectación de infraestructura, que el pago del mismo tenga que recibirse previo al logro del permiso de construcción, y que exista una unidad estatal autónoma que reciba estos dineros y acometa de inmediato los trabajos de mantenimiento y reconstrucción para proteger la infraestructura y los espacios públicos que pertenecen a la ciudadanía.
Son asuntos vitales para cualquier ciudad que pretenda presentarse como moderna para atraer a compradores internacionales en forma sostenible.
Finalizo con una exhortación al sector inmobiliario privado, pues no podemos –los que vendemos propiedad raíz– seguir con conductas salvajes y vergonzosas. Es hora de que Acobir se comprometa a un listado maestro de propiedades, computarizado, con divisiones acordadas de comisión entre el agente que registró la propiedad en la lista maestra y el agente que vendió la misma… con sus respectivos modelos de contratos de oferta, promesas de compra-venta, etc. Hoy los agentes pasan la mitad de su tiempo peleando comisiones a–la–tercer mundo, haciendo el ridículo ante los clientes internacionales. Sé que se trató una vez sin éxito, pero antes no había grandes cantidades de compradores internacionales, y hay un momento propicio para toda acción modernizadora.
Si aspiramos a ser un país de primer mundo, tenemos que ser coherentes en nuestra conducta.
P.D. Las protestas contra los Decretos Malignos continúan in crescendo. Este miércoles fue en la Asamblea, y el próximo miércoles –a las 4:00 p.m.– será en la Procuraduría, donde se presentará otra denuncia formal. ¡No faltes!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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