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Panamá, lunes 8 de septiembre de 2008
 

PENSANDO EN LAS MAYORÍAS.

Regresan los ‘cuentos chinos’

Samuel Rivera Valencia
opinion@prensa.com

Debo primero que todo explicar de dónde viene el título de este artículo, me inspiró un libro que me regaló un amigo de la empresa privada. El libro Cuentos chinos, el engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina, de 350 páginas, fue escrito por el periodista Andrés Oppenheimer, ganador de varios premios internacionales. El periodista trata de explicar el avance económico de China, país gobernado por un régimen comunista, que ha logrado avances económicos en cuanto a altas tasas de crecimiento. Destaca que uno de sus éxitos es “la nueva consigna comunista “privatizar las empresas estatales”.

Debo ser honesto, no conozco los éxitos en China a través de las privatizaciones, lo que sí conozco son las privatizaciones en Panamá. Sería bueno que investiguemos cuáles han sido las cláusulas que China ha interpuesto en sus privatizaciones para que sean un éxito y no una pesadilla para los ciudadanos más pobres. Las privatizaciones que se hicieron en Panamá fueron de lo peor, no solo porque se vendieron instituciones rentables, sino porque los contratos son tan leoninos que pareciera que esas empresas no eran de los panameños, que eran de un puñado de inconscientes que las firmaron y avalaron.

Quiero aclarar que creo en la libre empresa, pero no en el libertinaje. ¿Cómo es posible que los corredores tengan la posibilidad legal de aumentar sus peajes, cuando dan un mal servicio, y cuando se han demorado con la terminación del Corredor Norte? Debemos exigir la nacionalización de estos corredores, y pasarle el beneficio de los peajes a la CSS. Así, con mucho gusto, pagaría el peaje. Ni hablemos de las empresas de energía eléctrica, son peores, porque nos asfixian.

La verdad no sé con qué intención mi amigo de la empresa privada me regaló este libro. ¿Será para que leyera “El engaño de Washington”? No creo, porque ya sabíamos que el coloso del norte utiliza a nuestros países de América Latina como su patio trasero, cosa que no debemos aceptar y trabajar en crear la Comunidad Latinoamericana de Naciones, no para lanzar discursos incendiarios, ni desafiar a las naciones amigas. Debemos caminar hacia ese objetivo con una verdadera integración, que no sea netamente economicista.

El otro proyecto debe ser de índole y alcance comunitario, que no se agota con la mera eliminación de aranceles o de trabas aduanales. Se trata de constituir una comunidad de naciones relacionadas y unidas por lazos geográficos, históricos, religiosos y por un mismo destino y que deben integrarse sólidamente en el ámbito económico, comercial, social, político, cultural, ético y espiritual.

¿Será que mi amigo de la empresa privada quiso incluirme entre los que pregonan “la mentira populista”. No creo, porque estamos seguros de que ese discurso es malo cuando se utiliza para política, y deja de ser discurso populista cuando se usa con argumentos y con la verdad. No como otros que lo usan para aumentar o atraer organizaciones a su seno, para llevarlos al abismo, a la incertidumbre, para enrolarlos en aventuras sin salida.

Si vamos a hablar de discursos populistas, los políticos partidistas son los número uno.

Hay una realidad, un país como el nuestro no puede tener indicadores de pobreza, como los que tenemos, ¿dónde está esa riqueza que produce nuestro país? ¿O es acaso que estamos cayendo en el consumismo, que nos impone el sistema? Decir que es necesario un aumento general de salarios, eliminar los oligopolios, acabar con la especulación, dejar de vender alimentos y medicinas caras, proteger el medio ambiente, denunciar los altos costos de la energía eléctrica, el mal servicio de agua y los salarios de hambre que se pagan en Panamá no es discurso populista, es una verdad con argumentos. Es por eso que no rehuyo un diálogo con nadie, aunque los dueños de la verdad nos tilden de vendidos, no me preocupa.

El libro de Oppenheimer menciona las oportunidades de América Latina y las esperanzas de los países de esta región. Claro que compartimos éstas y muchas otras esperanzas. A mi amigo de la empresa privada le quiero decir que cuando quiera hagamos un foro, debate, discusión o análisis, y revisemos lo que estamos haciendo con nuestro país. Eso sí, pensando en las mayorías no en las minorías, porque la democracia de nuestro país merece más que unas elecciones libres, merece más participación ciudadana, con reglas claras, que contenga un desarrollo integral del panameño, y de la familia, con un balance equitativo para todos.

El autor es abogado y secretario de la CGTP


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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