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Panamá, lunes 8 de septiembre de 2008
 

INDIFERENCIA OLÍMPICA.

¡Una sola medalla en 60 años!

Horacio Bustamante
opinion@prensa.com

Hace poco vivimos en Panamá un acontecimiento extraordinario que llenó a nuestro pueblo de emoción y de alegría. El autor de esa hazaña tiene nombre y apellido: Irving Saladino.

El mérito de nuestro compatriota colonense es inconmensurable, si se tiene en cuenta que sin el dinero necesario y una indiferencia total por parte de nuestro Gobierno y de las autoridades deportivas, Saladino consiguió lo que ningún otro atleta panameño pudo alcanzar en la historia de nuestro país: una medalla de oro olímpica.

Sin embargo, quienes presenciamos el vuelo majestuoso de 8.34 metros en las Olimpiadas de Beijing, que lo llevó a la gloria, y el gran recibimiento que le ofreció su patria al regreso, no podemos menos que sentir una indignación al reflexionar sobre lo que sucede en nuestro país fuera de esta maravillosa proeza.

Desde la simple participación de Adán Gordón en los Juegos de 1928 y, 20 años después, las medallas de bronce de Lloyd La Beach, pasamos seis décadas prácticamente ignorados en el mundo olímpico.

En Panamá tenemos todas las razas del mundo, capaces de constituir la semilla de futuros campeones como en cualquier continente. Hoy día está probado que en el atletismo mundial hay un dominio evidente de los atletas de raza negra. Por eso, en Panamá no hay excusas para contar con grandes representantes en el atletismo de esta etnia de campeones.

Cuesta comprender la indiferencia demostrada a través de 60 años por gobiernos, instituciones y comités deportivos, que jamás han hecho lo necesario para que se destinen fondos del dinero que contienen las arcas del Estado al deporte, para formar atletas panameños que brillen en los principales eventos mundiales. No basta con tener estadios con pistas sobre las que nadie corre ni piscinas que no se usan con fines deportivos, ni una Villa Olímpica, que de olímpica solo tiene el nombre. Estos espacios se van deteriorando por la falta de actividades y se reparan de cuando en cuando, sin ningún provecho.

En Panamá hay mucho entusiasmo por el boxeo, el béisbol, el baloncesto y, ahora, por el fútbol, pero la natación y el rey de todos los deportes, el atletismo, con sus múltiples especialidades, parecen estar vedados en los proyectos de todos nuestros gobiernos.

¿Qué podemos decir de nuestros dos únicos medallistas en más de medio siglo? ¿Qué le deben ellos realmente a Panamá? Lloyd La Beach, hijo de jamaiquinos nacido en Panamá, estudió en la Universidad de Los Ángeles en donde comenzó su entrenamiento atlético. Luego se radicó en Jamaica, con sus padres, donde se convirtió en el gran velocista que le dio a Panamá, en 1948, la medalla de bronce en dos disciplinas. Fue realmente poco lo que le debía al país que representó en aquel entonces.

Irving Saladino recibió una beca de las autoridades del atletismo mundial y, con la ayuda de su padre, quien siempre lo estimuló en su carrera, viajó a Brasil, donde bajo las órdenes de un gran entrenador demostró su calidad y su alma de campeón. Recién, cuando se perfilaba lo que rendiría en las pistas mundiales, recibió algunas ayudas monetarias que nunca se le ofrecieron cuando más las necesitaba.

Es increíble que ni con nuestro deporte estrella, el boxeo, ni con ninguno de los deportes que se practican en nuestro país, fuera del inexistente atletismo, jamás hayamos conseguido subir al podio olímpico.

Hay quienes dicen que somos un país de solo tres millones de habitantes. Este es un argumento absurdo que ha sido desmentido por pequeños países que han ganado varias medallas en los juegos olímpicos. Las proporciones con relación a la población no tienen ningún sentido, pues entonces ¿cuántas medallas tendrían que obtener China o Estados Unidos?

Lo que hace falta en Panamá es que los colegios, que se vanaglorian de formar a grandes profesionales, le den más importancia a la educación física, que es actualmente una materia secundaria. El dicho “mente sana en cuerpo sano” no parece existir en sus enseñanzas. ¿Para qué sirven las lujosas piscinas que hay en muchos de estos planteles? Hace falta que el Instituto Nacional de Deportes promueva estas disciplinas a través de los medios de comunicación, motivando a los jóvenes para que practiquen el atletismo y la natación. Se les debe invitar a formar parte de programas de entrenamiento, organizando campeonatos con atractivos premios. Hace falta que el Gobierno dedique partidas importantes del presupuesto para organizar esos campeonatos, crear becas y traer entrenadores de afuera, ¡cueste lo que cueste!, para formar a los jóvenes que demuestran condiciones atléticas.

El barón de Coubertin, creador de los juegos olímpicos modernos, hizo famosa su frase: “lo principal es competir”. Pero basta con ver a nuestras pequeñas delegaciones olímpicas –a veces con más delegados que deportistas– para comprobar que apenas competimos, porque nadie enseña a nuestra juventud a correr, a saltar, a lanzar una jabalina, un peso, un martillo o a nadar competitivamente, ni a esforzarse para que millones de personas vean nuestra bandera en lo más alto de un mástil y escuchen nuestro himno nacional.

La victoria de Irving Saladino debe ser un símbolo para que el Estado panameño, a través de las autoridades correspondientes y también de los grandes centros de enseñanza, cambien su ineficaz política deportiva para que nuestros jóvenes puedan seguir su ejemplo. ¡Hasta cuándo tanta indiferencia !

El autor fue embajador de Panamá


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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