AUTOPISTA.
Una vergüenza nacional
Roberto Smilovici
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La autopista Arraiján–La Chorrera, la única que hay en Panamá, fue financiada con el pago de peaje de todos los usuarios panameños y de los extranjeros que vienen como turistas o por otros motivos, durante más de 20 años.
Los extranjeros que vienen desde Centroamérica, por la carretera Interamericana, que se dirigen a lugares turísticos o a otros sectores de la república y llegan al peaje, pagan su tarifa y ¡sorpresa! … se encuentran con una autopista que es peor que un camino rural, llena de huecos, parches y sin señalizaciones, situación que les hace preguntarse si les cobran para ahorrar tiempo y distancia o por sufrir, dañar sus autos y exponerse a posibles accidentes; algunos hasta llegan a preguntarse si es ésta “una nueva versión de turismo”.
Como todos sabemos, hace dos años “descubrieron” que se estaban robando el dinero del peaje recaudado. Eso quedó en el olvido y las recaudaciones con las que se le daría mantenimiento a varias autopistas no pueden, siquiera, darle mantenimiento a una sola.
Volvemos a lo de siempre: los gobernantes manejan el país como su finca privada, regalando el dinero de todos.
Hay un dicho que dice “Dios mío, no me des, ponme donde hay”.
Esta situación se puede corregir poniendo cuadrillas permanentes de mantenimiento todo el tiempo en la autopista Arraiján–La Chorrera y en la vergüenza y desastre que, también, es la carretera Panamá–Colón. Algo similar se observa en la vía que pasa por el lago Madden, que ya no sirve, y que conduce hasta Colón, el pulmón de la economía del país. Esa carretera, por donde transitan extranjeros y nacionales, es el espejo de la desidia de los gobernantes panameños.
El autor es industrial
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