INFRACCIÓN
Mal ejemplo para los ciudadanos |
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| LA PRENSA|Noriel Gutiérrez |
| SAN FELIPE. El conductor de un vehículo para uso oficial, perteneciente a la Lotería Nacional de Beneficencia, dio un malísimo ejemplo a los ciudadanos, al dejar el automóvil estacionado sobre una acera, cuyo borde amarillo advierte que no es lugar para estacionarse. El hecho se registró frente a la Casa 3–14 del corregimiento de San Felipe. |
Reflexiones ante el clima electoral panameño
6 DE SEPTIEMBRE.Soy un panameño que trabaja en el extranjero, como consecuencia de un sistema peligrosamente paternal y clientelista en la selección de profesionales. Parece que cada gobierno/ministro/administrador público/magistrado, etc., sin importar el partido, rechaza a los profesionales con capacidad, inteligencia y comprometidos con la sociedad.
Demandar capacidad, compromiso e interés por crecer debería ser la respuesta a la oferta de capacidad, compromiso e interés por contribuir con ese proceso social. Y juntas, oferta y demanda, construir un país de ganadores, pero de todos, no solo de unos cuantos. La realidad lastimosamente es otra. El “politiquismo” deja de lado la inteligencia, el compromiso y la capacidad como los insumos necesarios para acceder a un puesto público o privado. Al contrario, impone como condición para el empleo (no trabajo) el servilismo voluntario, la ausencia de capacidad de cuestionamiento ante situaciones delictivas o de corrupción, lo que significa silencio y complicidad. El único compromiso que realmente vale es con el jefe o la jefa, por conveniencia o sobrevivencia. Estúpido es denominado el compromiso con su propia dignidad, con el sentido de justicia y con la inteligencia.
¿Qué clase de país continuamos construyendo? ¿Un lugar donde el miedo y la inseguridad mandan? Parece que nuestros “políticos” de siempre y los nuevos, aún conservan vivísimos los genes de la filibustería de los conquistadores y de aquellos que se sirvieron del país y nunca le sirvieron. La miopía los sigue llevando a entregar el país a los “hábiles y capaces extranjeros”, que sí saben gobernar y decidir, pero claro, para su propia conveniencia, nunca a favor de nuestro país. Preferimos a capataces y gerentes mercenarios, antes que a la gente decente, con compromiso e inteligencia. Esos políticos y sus administradores dejan fuera o inviabilizan a la gente que podría ser integrada inteligentemente a un verdadero proceso de desarrollo del país, a una verdadera consolidación de nuestra democracia e independencia.
No importa el discurso que el partido, sea cual fuere, nos ofrece. Partido siempre será partido, y claro está, sus representantes continuarán poco o nada comprometidos con el país. De qué nos vale enorgullecernos por un progreso excluyente, principal fotografía y muestra de nuestra incapacidad, si continuamos siendo absurdamente desiguales y pobres. Cambiar exige de un proceso inteligente de encarar, de vivir y sobrevivir a las circunstancias y, sobre todo, de aprovecharlas.
Marco Ortega
La cinta costera, el principio de lo que se avecina
6 DE SEPTIEMBRE. Leí el artículo titulado: “La cinta costera, un obsequio para unos y una obligación para otros”, publicado el sábado en la sección de Opinión de este diario, bajo la autoría de Irene Sosa. Soy mexicano y hace algunos meses resido en Panamá. Vivo enfrente del lugar en donde se construye la cinta costera, hasta ahora y disfruto de la calma y vista que da la ubicación. Pienso que debemos considerar el costo disfrazado para todos de tan tremendo error que se avecina. Por mi parte ya lo hice y por esa razón estoy buscando, con desesperación, mi cambio de residencia a otro lugar lejos de aquí.
Los vecinos de esta zona no se han puesto a pensar que, una vez se construya el proyecto, aumentará la cantidad de gente que transitará por este “lugar paradisiaco”, se incrementarán las rutas de diablos rojos y la visita de gente de bajos recursos (sin ofender a nadie), sobre todo, los sábados y domingos. Me parece que muchas de las personas que ahora visitan Albrook Mall, cambiarán su sitio de esparcimiento hacia la cinta costera, ello generará muchos negocitos que atraerán a más y más gente consumista, se producirán grandes cantidades de basura y se creará una ola de delincuencia.
La cinta será el escenario ideal para que los rufianes planeen y cometan sus fechorías. No tengo nada en contra de la modernización, pero los países del tercer mundo (incluyendo el mío) en donde prevalece la cultura del populismo, no están preparados para estos proyectos. Tengo la plena seguridad de que lo que digo pasará, porque en mi país pasó y pasa exactamente lo mismo.
Rafael Díaz
‘Bien cuidaos’, otra pesadilla de la Calle Uruguay
5 DE SEPTIEMBRE.Quisiera llamar la atención de las autoridades, en especial la del representante de Bella Vista, Virgilio Crespo, para que tomen cartas en un asunto que, día a día, se vuelve más incómodo (bajo la extraña complicidad de la policía del área) para los ciudadanos que queremos pasar un rato en los locales de esparcimiento de Calle Uruguay y sus alrededores.
Me parece inaudito que los “bien cuidao” se hayan literalmente apropiado de las áreas de estacionamiento público al punto que prohíben y amenazan al ciudadano común, que ose estacionarse sin darles la cifra de tres dólares. Me parece irresponsable que las autoridades permitan que esto suceda. Recientemente fui insultado por uno de estos tipos, solo por decirle “te pago, pero cuando te vea a la salida y sepa que efectivamente cuidaste el carro”… Prácticamente me trató de ladrón.
¿Se creerá ese ciudadano que las calles son su bien privado? Además, ¿de qué clase de negocio estamos hablando acá? … Uno de estos “cuidadores” en una noche de quincena puede recolectar más dinero “adueñándose de la calle”, que aquella persona que trabaja toda la semana para la empresa privada o el Gobierno; y lo peor, de seguro que no declara impuestos. ¡Los ciudadanos nos merecemos más respeto!
Roberto De León
Pocas oportunidades de desarrollo en Panamá
3 DE SEPTIEMBRE. Acabo de leer el artículo de Carlos Alberto Montaner que publicó La Prensa el 3 de septiembre, y no puedo más que estar plenamente identificado con su opinión. El tercer mundo y su aparataje gubernamental es un aniquilador insaciable de gente pensante y emprendedora.
Nuestro país no se queda atrás. Por diversos motivos he descubierto la realidad de las áreas indígenas ngöbes, cuyos pobladores viven apartados de toda oportunidad de desarrollo, educación y posibilidad de emprender ideas innovadoras. En sucesivas visitas a dicho territorio y otros a lo largo y ancho del país, he conocido muchos estudiantes de secundaria y universidad, pobres, limitados económicamente, pero con inteligencia y capacidad de innovación que causan en mi admiración y sana envidia. Ellos me han expuesto sus deseos de superación y los obstáculos que han encontrado.
La Prensa de 25 de agosto de 2008 publicó un artículo que señalaba que “Un 80% de las posiciones gerenciales (mandos medios y altos) es ocupado por panameños con estudios fuera del país o por extranjeros”. Ni qué decir de los que crean nuevas empresas y negocios. ¿Será esto una casualidad? Viendo este panorama, no lo creo. Finalmente, si logran graduarse, viene otra descomunal tarea para la que necesitarán tener a todos los santos del cielo intercediendo por ellos, ante Dios, para ver si se genera alguna plaza de trabajo digno que le otorgue los recursos suficientes para mantener cierta estabilidad económica que le permita consolidar su condición social para entonces forjar una empresa o una familia.
Me pregunto ¿Cómo se quiere que ante este panorama tan desolador, tan deprimente, puedan encumbrarse nuevos empresarios provenientes de todas las partes del país, independientemente de su disponibilidad económica y social? ¿Cómo podemos pretender que la juventud pensante de nuestro país –ya sea de la capital o del interior y de los estratos sociales económicamente menos aventajados– se destaque, triunfe, crezca y aporte todo su potencial al desarrollo nacional, sin tener necesariamente que estar afiliado a un partido político, afianzando las largas filas del clientelismo polítiquero que llena las instituciones del Estado con botellas y proselitistas?
Héctor Paz Mendieta
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