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Panamá, domingo 7 de septiembre de 2008
 

PAZ, LIBERTAD Y TRABAJO.

Cien años parecen mucho…: Daniel R. Pichel

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Cien años parecen mucho… esa es la percepción que nos da al analizar el tiempo en función de nuestra corta visión como seres humanos. Sin embargo, si nos vamos a mayor distancia y pensamos en lo que es un siglo en el contexto de la humanidad, pues es poco más que un pequeño parpadeo. Pero… ¿qué significa una centuria para una persona?

En 100 años, se pudo ver al cometa Halley pasar dos veces por el cielo, el nacimiento de la luz eléctrica pública, la invención de la penicilina y la masificación del teléfono, la televisión, los automóviles, los viajes en avión y la computadora personal. Se estuvo por aquí cuando se hundió el Titánic, cuando se levantó y se derribó el Muro de Berlín, cuando el hombre llegó a la Luna, cuando los Beatles revolucionaron el mundo, cuando se derribaron las Torres Gemelas y cuando se creó el Estado de Israel. Se han vivido dos guerras mundiales y muchísimos conflictos políticos y sociales.

En 100 años, se puede nacer en un pequeño pueblo pesquero a orilla del Cantábrico gallego. Recibir una escueta educación escolar de manos del sacristán, ayudar a su madre en la agricultura y aprender pesca artesanal de la mano de los vecinos mientras su padre se ganaba la vida en Nueva York y regresaba al pueblo una vez al año. Vivir en Madrid durante tres años cumpliendo con un servicio militar obligatorio en la década de 1920. Se pudo pertenecer a los partidos políticos que en 1931 ganaron unas elecciones municipales instituyendo la República Española. Se pudo ser alcalde designado a los 27 años, porque la Guardia Civil se llevó las urnas de las elecciones donde el Frente Popular (coalición de partidos de izquierda) consolidaba su representatividad nacional.

En 100 años, se pudo tener la responsabilidad de ocupar esa alcaldía “temporal” al momento en que estalla la más cruenta Guerra Civil del siglo XX en el mundo occidental donde, en tres años, murieron un millón de españoles (gracias en buena parte a la diligente colaboración de la Alemania de Hitler) y que luego llevó a la terrible dictadura franquista ante la indiferente mirada del mundo “democrático”. En esa guerra ocurrieron cosas terribles, al punto de que se hacía necesario esconderse para no ser ejecutado durante alguno de los famosos “paseos” que tanto se dieron en Galicia.

En 100 años, se pudo ver obligado a huir de su tierra con su esposa y un grupo de amigos, igual de idealistas, sin avisarle ni a sus padres, en una pequeña barca hacia Francia para poder llegar a la zona republicana en Valencia y Cataluña, donde se mantenía el gobierno democráticamente elegido. Se pudo ver en la necesidad de cruzar la frontera de Francia como muchos otros españoles al terminar la guerra. Una vez en ese país, se pudo ir confinado a un campo de refugiados mientras su mujer embarazada era destinada a otro campo donde meses después nacería su única hija a quien conocería nueve meses después.

En 100 años, ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, pudo irse hacia la RepúblicaDominicana que gobernaba Trujillo y vivir allí durante dos años hasta que, en 1941 tuvo la oportunidad de viajar a Panamá con su mujer y su hija para comenzar así “el resto de la vida”. Una estadía supuestamente “temporal” hasta que volviera la democracia a España. Durante esos años de espera murieron su madre y su suegra sin que pudiera ir al pueblo ni siquiera a “despedirse”.

En 100 años, alguien que venía solo por una temporada a Panamá tuvo la oportunidad de enamorarse de este país tropical y sentirse tan panameño como cualquier nacido en esta tierra. Panamá le permitió echar profundas raíces que soloindican cómo el trabajo honrado, el esfuerzo y la bondad de quienes lo rodearon sirvieron de ancla permanente. Se nacionalizó panameño, se dedicó a la construcción y manejó chivas y buses. En 1968, se arriesgó a volver a ese mismo pueblo del cantábrico para ver por última vez a su padre quien estaba enfermo. Habían pasado 31 años desde su partida.

En 100 años, en Panamá ,y junto a su inseparable esposa, vivió una vida tranquila, vio crecer a su hija, vio nacer a sus nietos y bisnietos y disfrutó de excelentes amistades. Sufrió como cualquier panameño las dificultades que se padecieron durante 21 años de dictadura y así mismo se alegró cuando se volvió a vivir en democracia.

Pero lo más importante es que en 100 años, se tiene la oportunidad de enseñar muchas cosas sin dar un solo sermón. Solamente demostrando con el constante ejemplo los valores y principios que deben ser primordiales en la vida de cualquier ser humano. Defendiendo siempre en lo que se cree y combatiendo aquello que se piensa que simplemente “está mal”… aunque en ocasiones no sea esa conducta la más conveniente para uno mismo.

Aunque toda esta historia puede no haber sido del interés de ustedes (y pido disculpas de ser el caso), he decidido contarla porque hoy 7 de septiembre, mi abuelo, cumple 100 años. Alguien a quien, como suele decir: “siempre lo persiguieron los dictadores… Franco, Hitler, Trujillo, Torrijos y Noriega…”. Todo esto, son solo algunas de las anécdotas que hemos oído una y otra vez de una vida que, si bien no fue fácil, se vivió bajo la visión positiva de que el vaso siempre está “medio lleno” y que nada, pero absolutamente nada, es más importante que los valores humanos y familiares de libertad, honestidad y respeto que nos deben servir de guía y orientación permanente si queremos ser mejores personas.

Por respeto a la humildad y creencias del abuelo, y a lo poco amigo que es de las apologías cursis, no es adularlo la intención de este artículo. No pretendo agradecer a nada ni a nadie por la vida “del último alcalde republicano”. Simplemente es una forma de darle las gracias a él y a la abuela por todo lo que nos enseñaron y por el ejemplo que siempre han sido para quienes hemos tenido –y seguimos teniendo– el privilegio de disfrutarlo como bisabuelo, abuelo, padre, suegro y tío… pero sobre todo… como amigo.

En su nombre, solo repetiré las palabras que dijera hace un par de años en su cumpleaños… “Gracias Panamá… aquí encontré paz, libertad y trabajo… ¿qué más se puede pedir?...”.

El autor es cardiólogo
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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