Hoy se cumplen 31 años de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, que marcó un antes y un después en la vida del Canal de Panamá y, por supuesto, para el resto del país. Poco a poco, los panameños empezamos a recuperar el territorio y a asumir la administración de la vía acuática.
En el caso de las áreas revertidas, estas se han incorporado al desarrollo nacional -aunque ha habido abusos y usos cuestionables-, mientras que en el tema del Canal, es más que evidente la eficiencia en su manejo, con el orgullo de que lo ha hecho personal enteramente panameño.
Las dudas que alguna vez existieron en ese tema se disiparon rápidamente. Pero resulta paradójico el hecho de que tengamos una institución, como la Autoridad del Canal (ACP), cuyo desempeño es de primer mundo, y a la vez lidiemos con entidades gubernamentales que funcionan a la carrera, sin programación, siempre emparchando, como si fueran lo peor del tercer mundo. Si contamos con el modelo de la ACP, ¿por qué no seguirlo?
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