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Panamá, sábado 6 de septiembre de 2008
 

EL DESARROLLO ABRE UNA CAJA DE PANDORA. ecología y pÉrdida de biodiversidad.

Entre el bosque y la matriz

La expansión de las fronteras agrícolas, la construcción de carreteras y la explotación de los recursos causa la fragmentación y pérdida de los hábitats de miles de especies.La planificación y las medidas de mitigación son necesarias para evitar los efectos adversos de la fragmentación, un proceso al que también son susceptibles los manglares.

REUTERS
CAMBIOS. Los claros que surjen al remover la cubierta vegetal aumentan su tamaño según avanza la explotación de los recursos.1084034
Tamara Del Moral
tdelmoral@prensa.com

La fragmentación consiste en reducir en porciones pequeñas un todo; en el caso de los ecosistemas terrestres, el bosque se segrega en “islas”o parches.

Esto pasa por procesos como la construcción de caminos y cableados, la urbanización y la extracción minera y forestal, que transforman el bosque nativo. Ocurre también con los ecosistemas de manglares.

Los ecólogos usan el término “matriz” para designar las áreas circundantes a los fragmentos de bosque. En ocasiones, la matriz puede albergar algunas especies o servirle como corredor para desplazarse de un fragmento a otro, pero no siempre.

En Panamá, por ejemplo, la autopista Panamá-Colón y las calles que se han construido en áreas como Clayton y adyacentes al Parque Natural Metropolitano, si bien pueden ser importantes para la economía y desarrollo del país, han tocado partes boscosas y en casos como estos, lo que se debe hacer es aplicar medidas de mitigación, opina Edgar Araúz, jefe del departamento de manejo de áreas protegidas de la Autoridad Nacional del Ambiente.

La fragmentación tiene efectos adversos, entre ellos: el aislamiento de las especies, la declinación o colapso de sus poblaciones y cambios en los microclimas.

BOSQUES TROPICALES

William Laurance, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y miembro de la Association for Tropical Biology ­entidad conservacionista internacional­, ha estudiado estos efectos por casi 25 años, en especial en la Amazonia.

Explica que en los trópicos se ven especies raras o con poblaciones pequeñas y con necesidades específicas de hábitat, lo que las hace más vulnerables a la extinción.

Por ejemplo, en Panamá, una pareja de águilas harpía adultas necesita de 10 a 63 km2 de selva para hallar su alimento y vivir (Karla Aparicio: Pistas para encontrar el águila harpía en Panamá, 2002).

Expresa Laurance que en estudios hechos en la Amazonia, donde se han usado radiotrans- misores, se ha visto que hay aves monógamas que pasan toda la vida en un área específica y hacen lo que sea para volver con su pareja. “Si se atrapan y se llevan a 5 ó 10 km. de distancia, ellas regresan... si hay bosque. Pero si las llevan a solo 100 m y hay un claro, no volverán. Mirarán el claro, pero no regresarán. Esto demuestra su rechazo sicológico hacia las áreas abiertas”, explica .

Así pues, las estructuras creadas por el hombre, como carreteras y sembradíos pueden ser una barrera para el desplazamiento de las especies, cuyas poblaciones pueden quedar aisladas.

DEMOGRAFÍA POBLACIONAL

En poblaciones pequeñas es usual que se dé el cruce entre animales emparentados (endogamia) y estos tengan una baja diversidad genética, lo que reduce su viabilidad y supervivencia.

Además, dice Laurance, hay otros efectos demográficos y cita como ejemplo, una población de 20 individuos en la que cada año nacen 10 machos y 10 hembras. A medida que esta se reduce, nacen 14 machos y 6 hembras, es decir, se pierde el 40% de la capacidad de reproducción. En solo dos o tres generaciones, ¿qué pasará con esa población?

EFECTO BORDE E INCENDIOS

Los científicos llaman “efecto borde” a aquellos que ejerce la matriz sobre el fragmento de bosque. Uno de ellos es la dispersión de especies exóticas.

Laurance explica que el bosque tropical lluvioso es húmedo, tiene áreas oscuras y casi no hay viento. Pero al fragmentarlo, puede irse rodeando de claros con pasto seco donde se acumula el viento, que al soplar, derriba los árboles o los parte. Muchos árboles no soportan la resequedad y el estrés, y mueren.

Ese viento también causa turbulencia, que tiende a “romper” el dosel del bosque. Cuando aparecen parches en el dosel, penetra más luz y viento, que causan resequedad y cambios en los microclimas internos.

Así, la fragmentación de bosques interactúa con otro problema serio: los incendios. Los agricultores queman la tierra cada año y aunque sean fuegos lentos y de poca altura, queman y matan el bosque.

“El bosque tropical lluvioso no está adaptado a los incendios y sus especies no los toleran. Cuando está intacto, casi nunca hay fuegos porque es húmedo y la hojarasca permanece húmeda. Pero cuando se fragmenta, el ambiente es más seco y la materia orgánica en el suelo es más inflamable”, añade Laurance.

Lo principal para evitar la fragmentación de hábitat y sus consecuencias, opina, es planificar antes de construir un camino. Al abrir nuevas fronteras ocurre un efecto de “caja de Pandora”, señala. Viene la colonización de la tierra y su especulación, la cacería, minería y tala ilegal. Hay poderosos intereses económicos y es muy difícil para los gobiernos controlar estas condiciones, concluye.

RIESGOS Y AMENAZAS

• Cacería: Mamíferos como los tapires, y depredadores como jaguares y pumas, necesitan espacio para desplazarse y hallar alimento. Cuando este se reduce, pueden salir del parche de bosque donde viven y enfrentarse a los cazadores.

• Alteración: Si se acaban los depredadores, las poblaciones de sus presas como monos, ratas, zarigüeyas, etc. aumentan porque no tienen quién las controle y pueden acabar con otras especies, como aves.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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