TENSIÓN.
Ayuda para Georgia
Los líderes del Kremlin siguen haciendo alarde y relamiéndose en vista de su invasión de Georgia. Esta semana, el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, exhortó a EU a que abandone al presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, tildándole de “cadáver político”; y reclamaron una esfera de influencia fuera de las fronteras rusas. Su canciller le advirtió a Europa que más valía que los países dependientes de la energía rusa examinaran sus intereses fundamentales.
La administración Bush respondió proponiendo mil millones de dólares en ayuda para la reconstrucción de Georgia. Moscú necesita entender que Occidente no será intimidado para que abandone a una democracia en aprietos.
La administración también debe mantener la presión sobre Rusia para que retire sus tropas restantes de Georgia y permita el destacamento de pacificadores. Fueron sensibles sus decisiones de suspender ejercicios militares y un trato de energía nuclear para usos civiles, mismo que ascendía a miles de millones de dólares. Si bien los dirigentes del Kremlin pudieran sentirse invencibles, resulta claro que no es así para la clase empresarial de Rusia. Desde agosto, más de siete mil millones de dólares en capital han salido del país. Al mismo tiempo, la administración que permitió que esta crisis se saliera de control debe tener cuidado de no incitar a un mayor conflicto o darle más excusas al Kremlin.
Nos preocupa en particular la visita del vicepresidente de EU, Dick Cheney, a la región en esta semana. Él debe dejarle en claro a Saakashvili, quien cayó en la trampa de Rusia cuando él envió tropas a Osetia del Sur, que EU no apoyará esfuerzo alguno por recuperar a las dos regiones separatistas por la fuerza. Cualquier ayuda del Pentágono debe usarse para fortalecer las defensas de Georgia, no para invitar a más aventuras. Saakashvili necesita entender que la mejor defensa de Georgia es centrarse en la construcción de una democracia económicamente vibrante, con firmes vínculos con Occidente. Los europeos se han mostrado más inseguros de lo que nos gustaría, distraídos, en parte, por esos intereses fundamentales. Sin embargo, están avanzando en la dirección correcta.
El lunes, la UE afirmó su apoyo a la integridad territorial de Georgia, pero pospuso una decisión sobre la suspensión de conversaciones con Rusia en lo tocante a un nuevo pacto de economía y seguridad. Rusia tiene una vasta riqueza en petróleo y gas, miles de armas nucleares y un poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. De manera similar, es un país poco desarrollado, corrupto y frágil, con mucho que perder. Si bien muchos rusos se muestran satisfechos en la nueva confianza audaz del Kremlin, nosotros sospechamos que muy pocos están impacientes por regresar a los malos días del aislamiento de antaño. Occidente tiene cierto grado de influencia. Debe usarlo con firmeza y cuidado.
Editorial de ‘The New York Times’
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