PINTADA DE VERDE
NOCTURNIDAD. La historia del gol atunero pica y se extiende, dejando más que en evidencia los oscuros intereses que lograron arrastrarse como serpientes por los vericuetos del Palacio Justo Arosemena para obtener un triunfo que, espero, sea temporal. En defensa de lo sucedido y citando una nueva versión de la Ley del Talión, se ha argumentado que la creación de la zona de exclusión para la utilización de redes de cerco en el Pacífico panameño fue otro gol metido en la Ley de Coiba.
No es cierto. La especie ha contado con dos apoyos: que en las actas de la Asamblea solo consta su inclusión en el segundo debate y el extraño silencio del que fuera presidente de la Comisión de Medio Ambiente esos días y por lo visto impulsor del gol atunero, el diputado Freidi Torres. Afortunadamente, existen muchos testigos de lo que realmente sucedió en el año 2004. La creación de la zona de exclusión fue el producto de un largo proceso de negociación entre ambientalistas, miembros de la industria pesquera, pescadores deportivos y pescadores artesanales, con la intermediación del ya citado diputado Torres y su colega Héctor Aparicio, aunque esto no conste en actas (lo que no es raro en la técnica negociadora de pasillo que abunda en el hemiciclo).
Los que no participaron fueron los atuneros, a pesar de que se les invitó a cada una de las reuniones. ¿Por qué? Pues porque no saben –o no pueden– defender sus posiciones de frente. Lo de ellos es la nocturnidad y el tráfico de influencias. Desde la aprobación de la Ley de Coiba, en el año 2004, han intentado una y otra vez que se eliminara la prohibición del uso de redes de cerco –siempre con el apoyo de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá–, sin que encontraran un solo diputado que se hiciera cargo de su defensa en la Asamblea. Finalmente lo lograron en una forma que los retrata de cuerpo entero. Veremos si se atreven a dar la cara en el próximo debate.
Lina Vega Abad
lina@prensa.com
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