CONDENA.
El mito torrijista
Jorge Gamboa Arosemena
opinion@prensa.com
Faltando poco tiempo para que se cumplan los 40 años del golpe militar de 1968, esta sociedad debe reflexionar sobre aquellos eventos, como reza el libro de Rubén Darío Carles, El Ayer está Presente, y se mantiene pendiente un juicio de valores.
Luego de la muerte del dictador, los pelechadores de ese proceso se inventaron el cuento de una doctrina torrijista, para mantener vigencia y tratar de darle alguna legitimidad al ejercicio de facto del primer Torrijos.
El primer Torrijos dejó 70 muertos y desaparecidos, documentados por la Comisión de la Verdad, dejó infinidad de torturados, exilados y encarcelados, entre otras violaciones de los derechos humanos. Dejó muchos nuevos ricos que gozaron del favor gubernamental. Solo hay que recordar que la deuda pública, que era de poco más de 100 millones, llegó a más de 3 mil millones al final de la dictadura.
Después de la invasión, hemos soportado que miembros del PRD hayan hecho apología de los hechos punibles cometidos por los que se alzaron como dirigentes de lo que, demagógicamente, llamaron “proceso revolucionario”.
Nos han querido hacer ver que el dictador era nacionalista. Solo hay que preguntarle a Boris Martínez żdónde estaba Omar Torrijos el 11 de octubre de 1968, y en qué condición? En 1980 se hizo una entrevista periodística en la que Martínez revela que el mitificado dictador estaba en la Zona, en casa de Efraín Angueira, enlace gringo con la Guardia Nacional, en donde estuvo embriagándose mientras se definía si el golpe, comandado por Martínez, fracasaba o triunfaba.
Deduzco yo que era la jugada gringa para controlar, porque en ambas opciones su agente Torrijos, que no se había expuesto, comandaría la Guardia Nacional. Similar acción hicieron con Arnulfo Arias, bajo el engaño de protegerlo, lo controlaron en la Zona del Canal. Si fracasaba, alguna ascendencia abrigaban tener sobre Arias al haberlo, supuestamente, protegido y, si triunfaba, lo controlaban para neutralizarlo como efectivamente hicieron.
Con la campaña interna del PRD ha resultado que todos son torrijistas, cuando la realidad es que ser torrijista es ser traidor a la patria, sirviéndole a una potencia extranjera; es ser desleal con los compañeros (pregúntenle a Martínez); es haber permitido 70 muertes y desapariciones, convirtiéndose en cómplices de ellas; es haber repartido –como propios– los fondos públicos; es haber permitido negociados que le aumentaron los haberes a muchos ricos de antes y hacerse ricos a muchos allegados.
Con la última cuña contra Navarro, en que lo acusan de civilista, quedan en evidencia ante los ilusos que pensaban que se podía voltear la página, porque los PRD así lo querían. Vemos que esto es una falacia, porque para los PRD los civilistas somos elementos despreciables, como desprecian a Navarro al acusarlo de civilista.
Hay que hacer como los argentinos y procesar a gran cantidad de colaboradores de la dictadura, que deambulan por nuestras calles. Sería un acto de justicia para los 110 muertos y desaparecidos de la dictadura, varios de los cuales fueron PRD, como Spadafora con Noriega o militares, como Fistonich con Torrijos.
Dos gobiernos, supuestamente antimilitaristas, han permitido que los falsarios de la historia hayan promovido el mito de Omar Torrijos, al grado de que parte de las nuevas generaciones de panameños crean que Torrijos era un gobernante que se le puede considerar positivamente.
Luego de 40 años del golpe, y con la oportunidad de desplazar al PRD del poder en la próxima elección, debemos hacer el esfuerzos de poner a Torrijos y a la dictadura en su lugar, que no es otro que en la condena histórica.
El autor es miembro del Movimiento de Acción Panameñista
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