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Panamá, sábado 6 de septiembre de 2008
 

DESIGUALDADES.

La cinta costera, un obsequio para unos y una obligación para otros

Irene Sosa
opinion@prensa.com

Es asombroso ver cómo a unos se les hace tan fácil y cómodo llevarse el mérito a través del esfuerzo de otros. Este típico ejemplo lo podemos apreciar al pasar por la Avenida Balboa y leer esa gran valla de carretera que dice: “Cinta costera, proyecto administración de Martín Torrijos, costo del proyecto B/.189.1 millones. Beneficiados un millón 600 mil”.

Y si leemos la frase que encabeza el texto “Aquí se invierte el dinero de todos”, ingenuamente el panameño que paga impuestos podría pensar: “¡qué bueno! al fin vamos a ver el fruto de nuestros esfuerzos invertidos en una obra positiva, que por ser un atractivo turístico beneficiará la economía del país”. Pero cuando analizamos la cruel realidad, nos percatamos de que esa gran obra la tendrán que pagar unos pocos panameños, que no tenían ni la menor idea de que a ellos se les iba a pasar la factura, con todo y que el Gobierno siempre ha anunciado que la misma beneficiará a un millón 600 mil personas.

Entonces reflexionamos y nos decimos !qué ironía más grande!, querer llevarse el mérito por la realización de una obra, pero a costillas de un grupo mínimo de panameños. ¡Qué estrategia más buena!, quedar bien con la mayoría de la población, obsequiándole un gran proyecto, pero obligando a un pequeño grupo a pagarlo.

Señores gobernantes, aunque existan leyes que respalden el cobro de una tasa de valorización, lo correcto en este caso sería consultarle a las personas que van a ser afectadas, antes de llevar a cabo el proyecto, para ver si están de acuerdo con la obra. Al menos esa sería la manera justa y transparente de hacer las cosas en un gobierno que se considera democrático.

Es una total falta de sensibilidad querer costear el gran proyecto con el dinero de un grupo mínimo de ciudadanos, especialmente considerando el alto costo de la vida que afecta a diferentes clases económicas del país. Porque, para los que no lo saben, no todas las fincas seleccionadas para el cobro de la tasa de valorización pertenecen a personas de altos recursos económicos. Un grupo significativo de residentes (algunos viven en el área desde hace más de 40 años) son de medianos recursos económicos, uno de los grupos más afectados por el problema de inflación que azota al país.

¿Quiénes son los verdaderos beneficiados con este proyecto? ¿Porqué el Gobierno insiste en que a los residentes del área de influencia de la cinta costera les corresponde pagar el proyecto? ¿Cuál es la verdadera excusa? ¿La valorización de las propiedades? Porque de ser así, es una excusa muy pobre. Para empezar, el cobro de la famosa tasa de valorización a los dueños de un grupo minoritario de fincas, podría causar todo lo contrario, ya que devaluaría totalmente estas propiedades.

Después de todo, ¿a quién le puede parecer atractivo comprar en un área en donde, además de incurrir en deudas y gastos, tendrían que pagar una elevadísima tasa de contribución al Estado panameño? Inclusive, si consideramos la cantidad de extranjeros que están comprando propiedades en el país por el incentivo de exoneración de impuestos. ¿Qué va a pasar cuando se enteren de esta nueva obligación impuesta por el Gobierno? No nos debería parecer extraño que al final muchos de ellos no concluyan con las transacciones de compra y venta, lo que disminuiría notablemente el precio de los inmuebles, al elevarse la oferta de éstos. Aparte de ese gran perjuicio, los residentes del área también van a sufrir un desmejoramiento en su calidad de vida.

La vista tan preciada del mar, que fue la razón por la que muchos compraron en el área, será reemplazada por una carretera de concreto. La contaminación ambiental (del ruido, del esmog y la basura) por el alto tráfico de vehículos y el movimiento masivo de personas, les robará la paz y tranquilidad que siempre han tenido los residentes del área. Entonces, ¿quién es el que realmente se beneficiará con la obra? ¿Quién es el que se llevará el gran pastel? ¿Quién es el que percibirá todo el dinero que la obra generará, a través del alquiler de locales comerciales y espacios para los diferentes tipos de negocios que van a existir en el proyecto, y las nuevas divisas que generará el turismo? ¿Quién es en realidad el que se beneficiará de todas las áreas de esparcimiento que, además, incluirán anfiteatros donde se celebrarán todo tipo de eventos? Definitivamente, ¡no serán los residentes del área aledaña al proyecto!

¡Señores de la administración de Martín Torrijos!, si quieren llevarse el mérito y sentirse realmente orgullosos de esa gran obra, entonces recapaciten y actúen correctamente, todavía están a tiempo. Porque, de lo contrario, la cinta costera solo habrá sido un proyecto que quedará en la historia de país como un acto de imposición de su gobierno para con la ciudadanía; un acto tan injusto que solo un gobierno con mentalidad autoritaria podría realizar.

La autora es agente de bienes raíces y administradora de negocios


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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