La Caja de Seguro Social dio un paso importante al admitir que la venta de un terreno perteneciente a uno de sus programas no era la mejor decisión, pues el valor oficial asignado era inferior al de mercado.
De haberse concretado la venta, tal como se pretendía hacer semanas atrás –pese a haberse revelado este hecho–, los fondos de la institución se habrían perjudicado, pues las pérdidas se habrían contado por decenas de millones de dólares. La lección es obvia: los funcionarios tienen que ser más cautelosos al hacer estos cálculos y a la hora de defenderlos, pues en este caso fueron insistentes en que el valor de venta era correcto. La Caja tiene una directiva que se supone debe velar por la salud de los asegurados y sus finanzas.
Esta transacción reveló algo inquietante: sus controles fallaron con estrépito, como ocurrió cuando se elaboraron medicinas con veneno. La confianza no ha sido recuperada cuando pudo ocurrir otro desastre, esta vez de orden administrativo. Y aquí no ha pasado nada… Y ya va siendo hora de que algo pase. |