CONFLICTO BÉLICO.
Rusia busca apoyo en oriente
1082864Gonzalo Aragonés
Todos los actores en la crisis de Georgia aseguran no desear una nueva guerra fría, pero, como entonces, de antemano ya hay dos bloques diferenciados. Criticado desde el oeste, el presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, se refugiaba en Dushambé (capital de Tayikistán), donde el jueves se celebró la cumbre del Grupo de Shanghai. El miércoles se reunió con el presidente de China, Hu Jintao.
“Los líderes pueden expresar posiciones conjuntas sobre asuntos de interés para ellos, incluido Osetia del Sur”, sugirió en Beijing el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Qin Gang, antes del encuentro.
De momento, en un día informal y sin corbata en el que el presidente tayiko, Emomali Rajmon, reunió a los líderes asiáticos en un palaciego jardín en torno a una fuente, todos guardaron silencio. Medvedev informó al líder chino de la decisión del Kremlin de reconocer las dos provincias, explicó la portavoz del presidente ruso, Natalia Timakova. Según los analistas políticos de Moscú, el Kremlin no puede pretender de sus socios un reconocimiento concreto de las dos provincias. Quiere aprovechar, sin embargo, la cumbre como contrapeso a la presión occidental y a las críticas de Estados Unidos y la Unión Europea.
China e India tienen conflictos separatistas propios y un pronunciamiento demasiado específico sería contraproducente para ellos. De hecho, en los últimos meses el Grupo de Shanghai condenó un referéndum celebrado en marzo en Taiwan, en el que su población aprobó pedir la incorporación a las Naciones Unidas. Según esta organización, esa votación supone una amenaza para la seguridad de la región.
China considera la isla de Taiwan parte integrante e irrenunciable de su territorio nacional. Otro país, Kirguistán, se encuentra ante un dilema, ya que en su territorio hay instaladas una base rusa y otra estadounidense.
La Organización para la Cooperación de Shanghai fue fundada en el año 2001 por seis países: Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán (los cuatro últimos, antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central). Otros cuatro asisten a las reuniones de los jefes de Estado en calidad de observadores: India, Irán, Mongolia y Pakistán. Ayer también se sumó a la reunión el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, invitado por Tayikistán.
Mientras esto sucedía en Dushambé, la tensión de guerra fría aumentaba en el Mar Negro. Barcos de guerra de Estados Unidos y de Rusia surcaban las aguas de la única salida al mar de Georgia. Además el presidente de Ucrania, Viktor Yuschenko, se puso claramente del lado de su homólogo georgiano, Mijail Saakashvili, y condenó el paso dado por Rusia al reconocer las provincias rebeldes.
Rusia y Ucrania tienen un espinoso contencioso que puede hacer saltar chispas. La flota rusa del Mar Negro tiene su base en la ciudad ucraniana de Sebastopol, en la península de Crimea. Por esta herencia de los tiempos soviéticos, Rusia paga al año a Ucrania 98 millones de dólares. Yuschenko dijo ayer que revisará ese alquiler, basado en un acuerdo de 1997 que finaliza en 2017. Quiere revisar las viejas condiciones que se fijaron cuando no había un mercado para acuerdos sobre territorios.
Precisamente tres buques de guerra rusos, entre ellos el destructor Moskva, llegaron ayer a la capital de Abjasia, Sujumi, en la primera visita oficial de la Flota del Mar Negro, como la llamó el ministro de Defensa abjasio, Garry Kupalba.
Y Estados Unidos envió a Georgia el segundo barco de guerra con ayuda humanitaria. La fragata Dallas tenía que atracar en el puerto de Poti, próximo a Abjasia. Pero como todavía está controlado por los rusos, se decidió atracar finalmente en Batumi. Esta decisión evita de momento el encuentro entre los barcos de Rusia y Estados Unidos.
En Kiev, la capital ucraniana, se encontraba ayer de visita el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, David Miliband. El jefe del Foreign Office, que apoyó con su presencia la postura ucraniana en el conflicto, pidió una respuesta contundente por parte de Europa. Rusia no parece dispuesta a renunciar a su nuevo mapa de la región. “No queremos una nueva guerra fría, y sobre Medvedev recae una gran responsabilidad para que no la comience”, dijo Miliband. “Una declaración que parece un reflejo de la que hizo el día anterior el presidente ruso: No queremos una nueva guerra fría, pero no le tenemos ningún miedo”. Miliband se reunió con Yuschenko y el ministro exteriores ucraniano, Volovomir Ohryzko, para buscar una coalición contra la agresión rusa en Georgia.
The New York Times Syndicate
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