Si alguna lección arrojan las tragedias, es aprender de las causas para evitar que se repitan. El accidente del SAN-100 debe ser investigado a profundidad, no porque tiene implicaciones diplomáticas, sino de cara a la realidad panameña.
¿Están realmente en condiciones de vuelo las aeronaves del Estado? ¿Reciben el mantenimiento adecuado no solo las aeronaves, sino el resto de equipos, vehículos y elevadores que utiliza el Estado? Esas son las preguntas de fondo que tenemos que buscar. Por supuesto que es lamentable que, además de compatriotas, perdieran la vida oficiales chilenos.
Pero la vida de los nuestros no vale menos que la de los extranjeros, como tampoco la de los oficiales panameños que continúan exponiendo sus vidas en aparatos cuyas condiciones de seguridad no pueden ser trampas de muerte. Otras tragedias, como el envenenamiento masivo por una medicina proveída por el propio Estado, o el dantesco incendio de un autobús, sabemos que pudieron prevenirse con adecuados controles. ¿Aprendimos algo? ¿Es hoy más seguro el transporte público que hace dos años? |