GEORGIA.
Tiempos difíciles para la economía
Ulf Mauder
La fase bélica del conflicto en el sur del Cáucaso pasó, al menos por el momento, pero todo parece indicar que la economía georgiana tardará mucho tiempo en librarse de sus consecuencias.
Ya se sabe con certeza que los daños en infraestructuras civiles y militares costarán varios miles de millones de dólares. “Aún estamos estudiando el monto total de los daños”, explicó a dpa la viceministra de Economía en Tbilisi, Tamara Kovsiridze.
En este contexto, cualquier inversor extranjero amante del riesgo será bienvenido en Georgia, donde el estado de guerra decretado por el Parlamento tras el estallido del conflicto sigue vigente hasta el 8 de septiembre.
La destrucción de infraestructuras por bombas y minas rusas también dificulta una completa reanudación del transporte de mercancías por vías ferroviarias y calles en diversas regiones del país.
Los daños en esta zona de tránsito a Occidente esencial para países como Armenia o Azerbaiyán también afectaron a otros países. El gran oleoducto que lleva crudo del Mar Caspio a Turquía, sin embargo, logró salir indemne de la confrontación.
Georgia registró en los últimos años tasas de crecimiento de dos cifras, pero la expansión económica no llegó a todas las zonas ni a todos los ciudadanos: las nuevas zonas “en construcción” forzadas por la guerra se suman a un escenario de malas carreteras y edificios de la era soviética que ya reclamaban mejoras.
Ahora el principal reto, sin embargo, es abastecer a los más de 100 mil refugiados diseminados por todo el país, según Kovsiridze. El presidente Mijail Saakashvili espera que la crisis acabe “en tres o cuatro meses”.
Durante los días de la guerra se dieron casos de compras compulsivas motivadas por el pánico al desabastecimiento o de largas colas en gasolineras. Algunos bancos impidieron la extracción de dinero. Particularmente dramático fue el quiebre en los sectores de turismo, comercio y hostelería, explica Kovsiridze.
“La industria del turismo había crecido en más de un 40% hasta alcanzar el millón de visitantes en 2007”, puntualiza la funcionaria de 33 años. Los paisajes pintorescos y la costa en el Mar Negro generaron la aparición de varios hoteles nuevos durante los últimos años.
Nadia Muladze, empleada del Parque Nacional erigido con ayuda de Alemania en la región de Borjomi, califica de “dramáticas” las consecuencias de la invasión rusa. El Ejército incendió varios bosques en la zona, lo que dejó devastadas “500 hectáreas en las inmediaciones del Parque Nacional y 15 hectáreas en nuestro terreno”.
La economía georgiana recibió el año pasado 2 mil millones de dólares de inversiones extranjeras, cerca de un 20% del producto interior bruto. “Para nosotros son todos bienvenidos, incluyendo los inversores rusos”, enfatiza Kovsiridze.
Tbilisi descarta así, por el momento, responder el embargo comercial impuesto hace años por Moscú al vino y varios productos agrícolas con otros pasos similares. Lo que sí anhelan muchas factorías agrícolas de Georgia es que se facilite la exportación a la Unión Europea (UE).
La república caucásica creará ahora un fondo estatal para que la ayuda de los gobiernos extranjeros se distribuya de forma equitativa. Hasta ahora, solo Estados Unidos anunció una ayuda de mil millones de dólares. “Todavía esperamos una decisión de la Unión Europea”, agrega Kovsiridze.
La funcionaria destaca que Georgia seguirá adelante con el proceso de privatización de empresas estatales. El próximo paso sería vender el correo.
El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo para Reconstrucción y Desarrollo ya garantizaron su apoyo al país en varias ocasiones durante la guerra. Las instituciones financieras alabaron como ejemplo para toda la región la cultura georgiana de apertura comercial, bajos impuestos, libertad de visado y reducción de trabas burocráticas.
En esa situación, Saakashvili confía en que el país recuperará en menos de dos años el ritmo de crecimiento previo a la guerra.
DPA
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