ESTADOS UNIDOS.
Los Clinton reverencian el triunfo histórico de Obama
1081921 Lazlo Trankovits
Tras la elección interna más disputada en la historia reciente de Estados Unidos, el miércoles por la tarde llegó el gran momento histórico en el Pepsi Center de Denver.
“Con espíritu de unidad, y el objetivo de la victoria”, Hillary Clinton, la derrotada rival por escaso margen en el proceso de primarias, llamó con voz firme a respaldar por aclamación la candidatura de Barack Obama.
Instantes después, miles de gargantas gritaron entonces “Aye” (sí), y por primera vez en la historia de Estados Unidos enfilaba seriamente hacia la Casa Blanca un político afroamericano.
“Un sueño se vuelve realidad”, dijo a sus 96 años la activista por los derechos cívicos Dorothy Height. No se refería tan solo al sueño de Martin Luther King, quien 45 años atrás pronunció al pie del monumento Lincoln en Washington su famoso discurso “Yo tengo un sueño”. La convención bailaba, los delegados se abrazaban. Una vez más se vieron lágrimas caer, y miles cantaron el eslogan de Obama: “Yes, we can” (“sí, podemos”).
En esa histórica noche, y fuera de programa, Obama saltó a la palestra para presentar a Joe Biden, su candidato a vicepresidente. Los delegados lo aclamaron ruidosamente. En realidad, Obama no tenía previsto hablar hasta la noche del jueves, ante 76 mil personas en el estadio de fútbol americano de los Denver Broncos. Pero en este día tan especial casi nadie se atuvo al guión.
Barack Obama recibió la posta de la historia de manos de los Clinton: el martes, Hillary había exhortado a sus aún decepcionados seguidores a que sellaran la paz con Obama votando por él en las elecciones del 4 de noviembre. Luego interrumpió el complicado proceso electoral de los delegados y, al menos hacia afuera, recreó la sensación de que el respaldo hacia Obama era total. Finalmente, saltó al podio el propio Bill Clinton, quien pese a la preocupación de los asesores electorales, también pidió el voto para Obama.
Cuando subió al escenario, estalló de júbilo. “Esto me gusta”, admitió Clinton con sonrisas en su cara, para luego pedirle a los delegados: “Siéntense, les ruego que por favor se sienten”. Michelle Obama también sonrió, aplaudió, pero su tensión era evidente, ya que después de todo ella, como muchos otros, sabía que el matrimonio Clinton es temido porque puede robarle el show a cualquiera.
Pero tras el discurso de los Clinton, Michelle, la esposa de Obama, recuperó su amplia sonrisa. Después de todo, Clinton venía de describir a Obama como el hombre condenado a sacar a Estados Unidos de su aislacionismo, y a ser quien inicie la recuperación económica del país. “El mejor discurso que pronunció Clinton desde que dejó la Casa Blanca”, dijo uno de sus ex asesores, David Gerken.
Acto seguido pasó al olvido el clima de tensión generado al inicio entre Clinton y Obama. Muy al principio de la interna demócrata, el ex presidente había criticado en términos muy duros la oposición de Obama a la guerra en Irak. Preguntado acerca de si Obama, en sus ojos, estaba preparado para llegar a presidente, Bill Clinton había dicho que en realidad “nadie está preparado para ser presidente”. Cada vez que Clinton se refería a Obama lo hacía con un cierto dejo de rechazo.
Pero en esta jornada histórica, Bill Clinton le dio a Obama algo más que su respaldo formal. Vinculó su propia vida política a la del senador negro, recordando su primera campaña electoral, cuando los republicanos lo tacharon de muy joven e inexperto. “żLes recuerda esto algo?”, preguntó Clinton a los delegados. El mensaje era más que claro: Obama representa hoy el cambio y una política democrática, y Bill Clinton, en aquel tiempo también impulsaba un estilo nuevo. Y gracias a ese nuevo estilo triunfó.
El discurso de Clinton constituyó para Obama algo así como un golpe liberador, sobre todo porque fueron palabras pronunciadas por el primer demócrata desde Franklin D. Roosevelt (presidente entre 1933 y 1945) que obtuvo más que una victoria electoral. Las dudas acerca de la idoneidad de Obama para ocupar la presidencia parecieron haber quedado mágicamente atrás. La prensa no dudó en citar a Clinton como un “buen perdedor”.
“Creo que esta convención anduvo bastante bien hasta ahora”, dijo Obama a los delegados el miércoles por la noche. El jueves, horas antes del discurso de clausura, algunos sectores le reclamaban que enviara un claro mensaje triunfalista. Según las últimas encuestas, la politica exterior en el asunto que está acaparando una atención creciente entre el electorado, tras la crisis en Georgia.
Y en este campo, los estadounidenses creen, según las encuestas, más en la experiencia del rival John McCain.
DPA
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