COBARDÍA.
‘Pusilánime, sin valor ni espíritu’
Joaquín Perurena D.
opinion@prensa.com
Pusilánime, “sin valor ni espíritu”. Es la definición del diccionario de la lengua del adjetivo cobarde. Es el que corresponde al último acto del presidente Torrijos que, bajo el manto de la noche y, a espaldas de su pueblo, ejecutó, con el favor de una Asamblea Nacional inoperante y entregada, al pasar los nuevos decretos ley sobre seguridad nacional.
Así también devuelve el favor que, en su momento, la democracia le brindó al actual ministro de Gobierno y Justicia al recogerle y darle abrigo. Arropado bajo el manto de intelectualidad que le brinda su licenciatura en derecho, deshace este logro académico y destruye el respeto que él mismo generó al demostrarnos que, su pasado militar, es más poderoso que cualquier otra cosa.
La cobardía alcanza su mayor altura pues, durante el júbilo de la nación por la medalla de Irving Saladino; aprovecharon este momento coyuntural para ejecutar la acción.
Sin fundamento ideológico, sin conocimiento de la historia, sin principios que lo guíen, el actual secretario general del PRD nos muestra, en el ocaso de su mandato, su verdadera cara y sus verdaderas intenciones para con el país y con el partido.
Como obediente neoliberal sigue, sin cuestionar, las indicaciones del coloso del norte y nos devuelve a una posición de inseguridad nacional que solo la diplomacia eficaz y nuestra condición de país neutral pueden ofrecer. Ya podemos cerrar la Cancillería.
Cuando el otro puede contigo en el plano intelectual, ideológico, semántico y contextual, lo único que te queda es recurrir a la represión. Estas leyes, que se enmarcan en un plan hegemónico mayor, logran por carambola controlar al pueblo y a todo el que ose disentir. Cualquier voz en contra será “neutralizada”. Hemos vuelto al siglo pasado y, en tan solo dos semanas, Martín Torrijos nos devuelve, de un plumazo, al estado policivo.
Tiene pues, el señor Presidente en sus manos, el garrote necesario para poder seguir con su plan de estado depredador, de opción preferencial por el capital y de gestión insensible por los más pobres. Podrá, ahora sí, pasar las leyes que venden la salud, que venden nuestros ríos, que dañan nuestra tierra y que permiten que nos compren metro a metro.
El partido pagará, en las próximas elecciones generales, la aventura de su actual secretario general. Sin valor ni espíritu.
Especialista en cirugía general
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