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Panamá, jueves 28 de agosto de 2008
 

VOLUNTAD POLÍTICA.

A pocos pasos del primer mundo

1080967Marcelo Antinori
opinion@prensa.com

Panamá reúne condiciones privilegiadas desde el punto de vista económico, político y social que le permite pasar al primer mundo en menos de una década. Sin embargo, para que esto sea posible es importante que el crecimiento económico vaya acompañado de políticas públicas que aseguren un crecimiento socialmente incluyente y regionalmente equilibrado.

Del punto de vista económico dos son los elementos más significativos: la prudente administración fiscal de los últimos años que muy en breve llevará al país al grado de inversión y; la igualmente eficiente administración del Canal que no solo aumentó los aportes al Tesoro Nacional, sino que creó grandes oportunidades de inversiones complementarias en el sector portuario. Estos dos logros generaron las condiciones para inversiones públicas y privadas que pueden asegurar un crecimiento sostenible de la actividad económica en los próximos años, aun cuando persista la desaceleración de la economía americana.

Por el lado político, las condiciones son igualmente privilegiadas considerando que Panamá tiene hoy una democracia sólida sustentada por partidos fuertes y organizados, reforzada por el proceso de Concertación Nacional que por incluir representantes de la sociedad civil, se constituye en uno de los procesos de participación democrática más avanzados en Latinoamérica. Por último, en el lado social, las condiciones son igualmente positivas, pues aunque sea significativo el número de familias pobres en el país, los recursos necesarios para corregir estas distorsiones son insignificantes si los comparamos con los recursos que serán aportados por el Canal al Tesoro Nacional para financiar los acuerdos de la Concertación Nacional a partir de 2009.

No obstante, es importante mirar el futuro con prudencia. Aunque Panamá reúna las condiciones esenciales para dar un gran salto es muy importante entender que el crecimiento económico no va traer necesariamente la inclusión social y el crecimiento regional equilibrado, características de un país desarrollado.

La experiencia latinoamericana es muy clara en indicar que cuando el crecimiento económico está concentrado en unas pocas actividades o sectores, puede llevar a un proceso de concentración de ingresos que tendría en Panamá el efecto de perpetuar las desigualdades sociales y regionales existentes, creando un terreno fértil para el aumento de la violencia y la inestabilidad política.

Para que Panamá pueda ser un país del primer mundo, social, política y económicamente estable es fundamental que el crecimiento económico vaya acompañado de políticas que aseguren que todos los segmentos de la población y todas las regiones geográficas del país puedan beneficiarse, sea en el corto, sea en largo plazo, del ciclo de crecimiento de las inversiones y del empleo. Y la ventaja es que esto en Panamá es relativamente fácil.

La experiencia latinoamericana nos enseña que unas de las políticas públicas más eficientes para asegurar la inclusión social son exactamente los programas de transferencias condicionadas que en Panamá son conocidos como la Red de Oportunidades. Por estos programas las familias pobres tienen acceso a un financiamiento mensual siempre y cuando cumplan con ciertos compromisos relacionados al acceso a servicios de salud y educación.

Estos programas de transferencia permiten, en el corto plazo, una significativa mejora en las condiciones de vida de los más pobres y aseguran al mismo tiempo un importantísimo beneficio a largo plazo al permitir que los niños de las familias pobres tengan acceso a la educación, lo que les permitirá insertarse con normalidad en el mercado de trabajo.

Aprendemos también de la región que el éxito de este tipo de programas depende no solamente de la ampliación de su cobertura, sino también de la creación de una oferta adecuada en términos cuantitativos y cualitativos de los servicios de salud y educación en todo el país, lo que es un gran reto en Panamá, donde los servicios de salud pública, y particularmente de educación, no son consistentes con el nivel de desarrollo económico ya alcanzado por el país.

Otra lección importante que aprendemos en Latinoamérica es que estos programas de protección social tienen que ser acompañados por políticas públicas que permitan a las familias pobres el acceso al empleo y el desarrollo de actividades productivas, lo que también representa un reto importante en Panamá, donde la mayor parte de la actividad económica está concentrada en el sector servicios y en la franja del Canal.

Se equivocan los que piensan que Panamá podría crecer simplemente con el sector servicios, siguiendo el ejemplo de Singapur. Se olvidan de que Panamá es un país 100 veces mayor que Singapur y que aquí sería un equívoco olvidar la importancia del agro para la creación de las oportunidades de empleo necesarias para un desarrollo social y regional armónico. En Panamá, distinto de Singapur, son fundamentales las políticas de incentivos a la diversificación de la producción con atención especial al desarrollo agrícola y al turismo, acompañadas de programas de desarrollo de la infraestructura de caminos rurales, electrificación rural, agua, riego y del seguimiento agresivo de programas de titulación de tierras.

Por último, también es importante tomar en cuenta que por las características étnicas de Panamá cualquier plan nacional de desarrollo debe incluir políticas públicas de inclusión para los pueblos indígenas, así como para las poblaciones afrodescendientes y ahí la experiencia internacional es clara al indicar que la mejor estrategia a seguir es el establecimiento de mecanismos de diálogo y consulta que permitan a las minorías étnicas participar en el diseño y adueñarse de las políticas públicas de desarrollo. En Panamá las condiciones están dadas y la semilla ya está fuertemente plantada. Lo que falta por hacer es muy poco y depende solamente de la voluntad política de transformar Panamá en un verdadero país del primer mundo.

El autor es economista y representante del BID en Panamá

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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