CONVENCIÓN.
Contradicciones republicanas
Sergio Muñoz Bata
Rogándole a Dios que los demócratas continúen por la senda de la autodestrucción, en la víspera de su convención los republicanos se envuelven en la bandera nacional al tiempo que con asombrosa displicencia se sumergen gozosos en la contradicción.
Concebida como escaparate para resaltar las virtudes de John McCain, el candidato del partido a la Presidencia, la asamblea de los republicanos en Saint Paul, Minnesota, cuyo lema es: “El país es primero”, gira en torno a cuatro temas centrales: servicio público, reforma, prosperidad y paz.
El lunes, 1 de septiembre, el programa abre con una alabanza pública al historial de servicio y “sacrificio” del candidato, refiriéndose a los cinco años que McCain permaneció en cautiverio durante la Guerra de Vietnam. Atrás quedó la reticencia que le impedía hablar de su “victimización”. Tal y como están las cosas, ahora sería un error no exprimirle hasta la última gota de heroísmo a su historia personal en la guerra. La terrible ironía, es que hace apenas cuatro años esos mismos operadores políticos republicanos fueron los que destruyeron la reputación de John Kerry, héroe de la misma guerra que no solo evitó ser capturado por el enemigo sino que fue condecorado por su extraordinario valor.
El programa del lunes contempla además, una exposición de algunos de los planes e ideas que tiene McCain para preservar la seguridad nacional en un mundo de paz. Sarcásticamente, eso mismo habla el vicepresidente Dick Cheney. ¿Será acaso para recordarle a los votantes que además de la imperdonable sangría que han significado las guerras en Irak y Afganistán, la juventud estadounidense debe irse preparando para pelear por todo el orbe contra sus enemigos reales, imaginados o inventados por intereses mezquinos como los que defiende Cheney para garantizar la paz estadounidense?
El tema del martes será el estilo personal de gobernar de un candidato que privilegia los principios y el reformismo como motores del cambio. Ese día, le corresponde hablar al ex pastor evangelista y ex candidato presidencial Mike Huckabee, un hombre que duda de la teoría de la evolución de Charles Darwin y está en desacuerdo con Copérnico, Isaac Newton y Albert Einstein.
Y Rosario Marín, una mujer que trabajando para el gobernador Pete Wilson en 1994, defendió la Proposición 187 que exigía expulsar de las escuelas a los hijos de los trabajadores indocumentados, hablará en nombre de las mujeres latinas que con orgullo ostentan sus principios conservadores.
El miércoles, el tema es la ruta a la prosperidad que el Partido Republicano y su candidato proponen. Afortunadamente para ellos, ese día el principal sospechoso de ser el causante del deterioro económico del país, George W. Bush, el presidente con el índice de popularidad más bajo en la historia moderna de la nación ya no estará en la convención.
A otro orador le tocará prometerles a los votantes comunes y corrientes que con McCain el costo de la gasolina bajará y que la incertidumbre laboral que ahora sienten desaparecerá como por arte de magia. Alguien más les dirá que con el derrame de prosperidad que los hombres más ricos del país generarán gracias al descuento en sus impuestos que Bush les concedió y ahora McCain quiere refrendarles, la clase media podría llegar a tener tantas casas como McCain, quien necesita preguntarles a sus asistentes cuántas son y dónde están.
El gran reto de McCain es convencer al ala derecha de su partido que si no le apoya, la alternativa sería mucho peor para su causa y convencer al votante independiente que a pesar de su débil manejo de los temas económicos él sabe cómo evitar el fracaso de su antecesor. La encomienda no será fácil.
El autor es miembro del consejo editorial de ‘Los Angeles Times’
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