UNA CELEBRACIÓN MANCHADA.
ĦOro… oro… oro! … y cobre
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
Hay pocos momentos en la historia de las naciones en que todos sus ciudadanos son uno solo. Irving Saladino no solo nos dio oro, oro, oro; nos dio mucho más. Con su extraordinaria hazaña deportiva nos convirtió en una sola nación con una sola bandera, henchidos de orgullo, agradecidos a Dios por habernos dado el privilegio de haber nacido en esta tierra.
Tres momentos hicieron brotar lágrimas de emoción en los que amamos y daríamos la vida por nuestra tierra: cuando se anunció el oro para el humilde muchacho de Colón… cuando presenciamos el abrazo emotivo con Durán, dos glorias panameñas venidas de nuestros barrios pobres, dos ejemplos del temple y corazón panameño en un solo abrazo hermano en Beijing y… por supuesto… cuando oímos las notas de nuestro Himno Nacional con nuestra bandera en la posición más alta y privilegiada y a un Saladino emocionado, pero humilde, cantando en un casi silencio mientras todo Panamá lloraba de emoción, orgullo y agradecimiento.
ĦQué maravilla! ... Ħqué momento histórico tan emocionante! Otro singular momento en que fuimos Nación… Ħtodos, uno solo!
Escribo esto antes del recibimiento al humilde muchacho de Colón que nos bañó de oro, que estoy seguro de que estará a la altura de sus merecimientos.
A pesar de todo esto, no pudo faltar la viveza política perredista en un instante tan especial y el gobernante aprovechó el momento de oro de Saladino para zurrarnos su cobre en la obscuridad del gabinete. Primero aprobó dos de los cinco decretos malignos que gorilizan la Policía y el SPI, o sea que legaliza su violación de la Ley al tener a dos militares dirigiendo a la Fuerza Pública, anuncia que la Ley del nuevo G–2 irá a la Asamblea, para entretenernos tal como lo pronostiqué en mi último artículo del viernes pasado, y ayer miércoles nos impuso las dos que faltaban, con las que se crea el nuevo Ejército (violatorio de la Constitución) llamados Unidad de Fronteras y la Aeronaval. O sea que en medio de nuestra celebración del oro que nos produjo Saladino, al gobierno PRD se le salió el cobre militarista y pretende ponernos a caminar hacia el pasado.
No se saldrán con la suya. Estos decretos se caerán a la entrada –o a la salida– pero de que se caen, se caen.
Es una lástima cómo nuestros gobernantes no aprenden que sus cinco años de gobierno serán conocidos en la historia no necesariamente por sus logros, sino por lo último que dejan. Pérez Balladares por su fracaso reeleccionista, Mireya por los últimos escándalos de corrupción, y ahora Torrijos por haber impuesto a la fuerza los decretos malignos de la remilitarización… y el suicido político que significó para su partido y para su propio futuro político.
En cuanto a los ciudadanos, Ħrechazo total a los cinco decretos malignos! … hasta que se vayan porque (usando sus propias palabras) “de que se van, Ħse van!” los decretos y el PRD.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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