REPUDIO A LAS PRÁCTICAS DE CAVERNÍCOLAS.
Una aldea imaginaria llamada Nimportadale
Francisco Sánchez Cárdenas
opinion@prensa.com
Primer acto. A mediados del siglo pasado, en Nimportadale, los políticos de aquellos tiempos, que eran los de la clase adinerada, en su afán de llegar al poder para disfrutar sus mieles, utilizaron todos los medios a su alcance: la mentira, los atentados y la difamación, al punto que no quedó mujer con honra ni hombre con virilidad creíble. Tampoco quedo ciudadano con gota de honestidad.
Segundo acto. Nimportadale vio su llamada democracia tomar vuelo por 21 cacareados y llorados años. De esa manera se inició el calvario de esa clase desplazada del poder por los mili–nimportadaleños. Muchos nimportadaleños se resistieron y sufrieron por sus ideales, otros hicieron negocios con los milis y otros se sumaron al proceso de liberación del país.
Tercer acto. Nimportadale vivió momentos importantes durante la época de los mili–nimportadaleños, el más grande fue cuando se sentaron las bases para recuperar la zanja que le abrieron en el centro del patio. Como todas las situaciones en la política “sabes cómo empieza, pero nunca sabes cómo terminará”. El gobierno que iniciaron los mili–nimportadaleños se desvió y los que añoraban las mieles del poder llamaron a la tribu Ojos de Cielo para que arreglara el problema que ellos no pudieron arreglar. En navidad los Ojos de Cielo les trajeron el regalo que tanto pedían.
Cuarto acto. Nimportadale volvió a la democracia de los partidos políticos y con las enseñanzas del pasado la tribu avanzó.
Se respetaron los derechos humanos y ciudadanos, se lucha por la libertad de expresión, se perfecciona la democracia, se persigue una mejor calidad de vida y se desarrolla la cultura de proteger el medio ambiente y todos los días pedimos y exigimos más transparencia y menos corrupción.
Pero los desplazados de las mieles del poder, aun en la nueva democracia no podían disfrutar de lo que ellos siempre han considerado como una herencia de sus antepasados. Ni los Ojos de Cielo los creyeron aptos para dirigir lo que ellos piensan que es su hacienda, porque no han aprendido a vivir en la verdadera democracia.
Quinto acto. Nimportadale entra en un período de nuevas elecciones y como dice el viejo refrán “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.
Los desplazados del poder hace 39 años han visto la oportunidad de volver a su hacienda y los plutócratas ven en los millones de dólares del promisorio futuro de esta tribu su estímulo electoral.
En democracia tienen derecho a ello. A lo que no tienen derecho es traer de vuelta sus atavismos de los que genéticamente no pueden desligarse.
El alcalde Pechiamarillo de la aldea mayor de Nimportadale, haciendo gala de sus genes, quería ser candidato único al puesto de cacique mayor, con el apoyo de Penacho Largo, la Princesa Brisas de Mayo y toda la Tribu (es decir con la técnica de Dedo de Oso).
Como la tribu ya no cree en Dedo de Oso, Pechiamarillo monta en cólera y trae de vuelta la práctica de la difamación como arma política electoral, sin importarle el futuro de la tribu política. En su obstinación por ser cacique mayor utiliza los arcos, las flechas, las piedras, los venenos de serpientes, etc., de la época de las cavernas.
Pero eso no es lo peor, ¡viene más! Quienes lucharon porque se respeten los derechos de cada aldeano consagrados en la Ley y que ahora se llaman tribu civil, avalan el proceder de Pechiamarillo con sus tácticas negativas y sucias como lo denuncio Garganta de Trueno Moreno y también lo apoyan en el reto y la burla hacia el consejo de caciques electorales.
En su desesperación y ambición estos grupos de apoyo no reparan en destruir, por haber actuado rápido, a una institución que ha sido garante de la democracia y ejemplo en la aldea Latina como lo es el consejo de caciques electorales.
Dios nos coja confesados si Nimportadale vuelve por los senderos de que no importan los medios, ¡no importa, dale con lo que sea, si tenemos que sacrificar la democracia para llegar al poder, dale, no importa!
Sexto acto y final. Si permitimos que nos traten como indios incultos, Nimportadale volverá a los inicios del siglo pasado, no avanzaremos social ni políticamente y volveremos a perder la zanja del patio. No juguemos a la democracia, seamos demócratas, respetemos las leyes y las instituciones. Quizás tengamos que cambiar algunas, pues hagamos eso, pero mientras estén vigentes respetemos las leyes y las instituciones. Cualquier similitud con otras tribus y sus indios es pura coincidencia.
El autor es médico y fue ministro de Estado
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