Salto de oro para Saladino
Harmodio Arrocha Jr.
harrocha@prensa.com
OPINIÓN. Qué importa lo distante que quedó de la marca olímpica impuesta en 1968, hace 40 años, por el estadounidense Bob Beamon con 8.90 metros, y del registro mundial de 8.95 fijado por Mike Powell en el Mundial de Tokio en 1991. Eso es lo de menos, para El Canguro colonense Irving Saladino el objetivo era ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing, y lo consiguió, para convertirse en el primer atleta centroamericano y el segundo latinoamericano que alcanza este logro en el salto de longitud. Con su histórico brinco de 8.34 metros que lo consagra como el mejor saltador del mundo, Saladino colocó a Panamá, un país pequeño en población, pero con una cantera de atletas, en lo más alto del podio olímpico, un sueño por el que pasó muchos sacrificios a lo largo de estos cuatro años después de fallar en Atenas.
Por supuesto que después de su salto de 8.57 obtenido en el Mundial de Osaka, que lo convirtió en el mejor saltador, la expectativa por el metal dorado estaba plenamente justificada, pero no es fácil conseguir resultados óptimos en unos Juegos Olímpicos demasiados grandes para nosotros. Así pues, es admirable lo que hizo este joven deportista colonense, que se unió a su compatriota Lloyd LaBeach como los únicos medallistas panameños en la historia de estos Juegos Olímpicos.
Y tenemos que sentirnos orgullosos como panameños de este histórico salto que acaba de dar Saladino en Beijing, para colocarse a la par de luminarias mundiales como Mike Powell, Carl Lewis e Iván Pedroso. Aunque a decir verdad, no me extrañó su actuación y seguro estoy que por el potencial que le acompaña, pudo dar un salto más largo en la fosa de arena. Sus objetivos camino a Beijing estaban claros, a diferencia del resto de la delegación panameña, que sin contar con la preparación que se requiere para estos Juegos, simplemente, fue a una misión imposible, como David frente Goliat.
La diferencia estuvo en que Saladino llegó a Beijing con el rango de atleta de alto rendimiento, lo que le permitió prepararse con un plan de trabajo científico encaminado a una Olimpiada, que le garantizó tener las armas necesarias para medirse con los mejores del mundo. Ahora bien, el triunfo de Saladino es el producto de un trabajo planificado y una inversión que se tuvo que hacer para enviarlo a un centro idóneo en el exterior, en donde pudo desarrollar sus habilidades. De no haber sido así, el camino a lo imposible hubiera sido su mejor destino en Beijing. Lastimosamente es una realidad con la que convive el deportista criollo. ¿Acaso podemos esperar que salte al escenario olímpico otro Saladino? Lo dudo, primero tiene que haber un cambio de mentalidad en nuestra dirigencia.
El autor es periodista.
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