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Panamá, miércoles 20 de agosto de 2008
 

TEMOR A LO CONOCIDO.

Transformaciones peligrosas

1076994Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com

Obviamente, me reservo su nombre. No quisiera que –por divulgar más detalles de los necesarios– lo identificaran, le arrancaran las uñas y lo aporrearan con manopla hasta desbaratarlo. (Esas labores de “inteligencia” –ya lo sabe usted– son la especialidad del cantalante de la militarización). Pero sí deseo –apreciado lector– compartir con usted los aspectos más relevantes de la conversación que sostuve, el fin de semana que acaba de transcurrir, con un integrante de la Policía Nacional.

Como era conocido de uno de mis acompañantes, tuvo la confianza de solicitarnos, en un retén, el popular “bote”. El par de horas que viajó con nosotros nos dio espacio y tranquilidad para hablar sobre los inconstitucionales decretos de seguridad que el PRD, en asocio de los demócrata–cristianos y liberales, pretende imponer como andamiaje legal de la dictadura que las cúpulas corruptas de esos partidos intentan recrear.

Fue el policía quien introdujo –disimuladamente– el tema. Al inicio –debo confesarlo– me limité a emitir interjecciones (“ajá”, “uf”, “¡caramba!”), pues la comunicación con un desconocido, ataviado de verde oliva, no dejaba de producirme alguna suspicacia. Sin embargo, la exposición de sus planteamientos, cuya racionalidad y civismo me impresionaron positivamente, me animaron a interrogarlo con cautelosa curiosidad.

“Ya sabe usted” –dijo, sin saber quién era su interlocutor– “que existe una gran polémica alrededor de los decretos de seguridad. Mis compañeros y yo pensamos que la propuesta, como se ha presentado, no es la más adecuada”.

“¿Y eso por qué?”, pregunté inmediatamente. “Vea, doctor”, contestó, “ esas disposiciones transformarán a la Policía en un ejército. Ni al público, en general ni a los policías, en particular conviene esa transformación”.

Continuó explicando: “Yo ingresé en las Fuerzas de Defensa durante el tiempo de Noriega. Pasé cuatro años en la institución hasta que la invasión desarticuló ese régimen. En la conciencia ciudadana permanece vivo el recuerdo de los vejámenes sufridos por el pueblo a manos de los jefes militares, por lo cual nadie en su sano juicio puede aspirar a una vuelta al militarismo (a no ser que esté motivado por fines aviesos). Pero lo que la ciudadanía ignora es que no solo los civiles, sino también los integrantes de los servicios de seguridad, estábamos sujetos a un espantoso régimen de terror”.

“Nuestras condiciones de trabajo” –siguió comentando el policía– “eran de lo más inadecuadas. Vivíamos acuartelados, separados de nuestras familias. No teníamos vacaciones y las salidas ‘reglamentarias’, cada 45 días, eran suspendidas por el motivo más trivial. Los jefes militares abusaban de nosotros a su antojo y con violencia. Éramos sus esclavos, conminados a hacer su voluntad, aun en contra del bienestar nacional, el interés de la institución, o los principios morales. No tiene usted idea de las condiciones infrahumanas a las que nos tenían sojuzgados”.

Tras el desalojo de la narcodictadura militar del PRD, aquel sistema fue reemplazado por una administración de personal más moderna, humanitaria y eficiente. Al menos eso dijo el miembro de la Fuerza Pública, quien tiene 22 años de servicios continuos en los organismos de seguridad. Aunque las condiciones laborales de los policías se han deteriorado como resultado de las orientaciones militaristas del actual gobierno, aún son superiores a las que prevalecían bajo la narcodictadura. “Por eso” –señaló el sargento– “para nada nos conviene el restablecimiento de un ejército en el país”.

A este tema –los derechos de los policías– dedicó su columna del viernes el Dr. Bernal (El Panamá América, 15 de agosto). Convendría que los integrantes de la Fuerza Pública la leyeran y reflexionaran sobre este asunto: el militarismo no mejora su situación. Al contrario, la empeora notoriamente. Tampoco mejora la seguridad ciudadana. Todo lo contrario: avasalla a la ciudadanía y la subordina a la arbitrariedad de los jefes militares. La justicia social, el orden democrático y el estado de derecho, mantenidos por un sistema judicial eficiente y custodiados por una Fuerza Pública civil, son los elementos fundamentales de la seguridad ciudadana.

Si usted comparte estas ideas democráticas y civilistas, no deje de pronunciarse en contra de los decretos militaristas del PRD y sus satélites. Es hora de defender nuestros derechos y libertades de los zarpazos de Torrijos Espino y Delgado Diamante. Asista esta tarde a las 5:00 a la Iglesia del Carmen. Allá esperamos también a los dirigentes de la oposición que –con la excepción de Aníbal Galindo– todavía no han participado en esa protesta semanal. La vez pasada asistieron tres diputados, uno de los cuales me aseguró que él no era eunuco. ¿Cuántos más podrán decir lo mismo? ¡Reivindíquense oponiéndose a la militarización Triple D (demente, degenerada y demoníaca)!

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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