potencial subutilizado.
Energía e hidroeléctricas
Víctor J. Fábrega V.
opinion@prensa.com
Recuerdo que hace algo más de 30 años estábamos preocupados porque de nuestra economía se habían fugado divisas en compra de combustible por alrededor de 15 millones de dólares un año, otros 30 millones y luego 60. En el año 2007 se nos fueron alrededor de mil 100 millones de dólares, y este año podrían rondar por los dos mil millones. Éstas son sumas enormes para Panamá. Con ese dinero podríamos construir cada año una carretera de Panamá a David, o un sistema de transporte público eléctrico masivo y eficiente, o varias autopistas transístmicas, o muchas cintas costeras, o construir otros nuevos juegos de esclusas para el Canal cada tres años, o alimentar a toda nuestra población durante varios años.
Nuestra economía está sufriendo mucho y tenemos que apretarnos la correa rápidamente y, como quien se quita una avispa de la oreja, tomar acciones drásticas a nuestro alcance y sin trauma.
El agua es nuestro petróleo. Tenemos un potencial hidroeléctrico de varias veces nuestro consumo actual, que aún no estamos aprovechando. Entre el 50% y 60% de nuestro consumo eléctrico hoy en día es hidro, y el resto petróleo. Debemos hacer lo necesario para que seamos 100% hidro en el término de la distancia. Es mucho mejor ambientalmente y puede que ya sea mejor económicamente subsidiar las plantas térmicas como reserva que tenerlas quemando petróleo. En invierno podríamos hasta exportar algo, y complementarnos con fuentes eólicas (molinos de viento) pues en verano cuando las lluvias cesan es cuando más sopla el viento. Fuentes geotérmicas, además de un parque térmico en reserva para períodos muy secos y contingencias, e interconexión con países vecinos ayudarían a complementar y balancear el sistema.
¿Por qué promover hidroeléctricas si se escuchan voces de oposición?... Creo que algunos se oponen por temor al cambio (el ser humano teme el cambio aunque sea para mejor). Otros por política o mal informados. Otros porque les afectan sus tierras, viviendas o cultivos (estos deben ser compensados adecuadamente). Nunca faltan los que se oponen a todo porque sí, sin dar razones de peso ni soluciones alternas. Otros motivados por personas pagadas con fondos extranjeros, mal usando el medio ambiente y la reubicación de familias como bandera, tratan de impedir o retrasar estas obras que son de interés nacional que prevalece sobre el privado; aún no sabemos cuáles son los verdaderos motivos detrás de esa fachada.
Los más beneficiados son los que viven cerca de esos ríos porque las represas sirven para preservar la calidad del agua, cría de peces, turismo y control de las inundaciones. Las hidroeléctricas son la fuente de energía eléctrica más limpia, económica y duradera que existe, y todo dentro de nuestras fronteras. ¡Energía soberana!
Las hidroeléctricas y el medio ambiente se complementan y necesitan mutuamente. La operación de las hidroeléctricas requiere de la protección del medio ambiente para asegurar su fuente de agua. Es preferible que las desarrolle el sector privado y que el Estado entero actúe como promotor activo y regulador. Algo estamos haciendo bien porque por el momento no nos ha faltado energía, lo cual sería catastrófico, pero su alto costo nos está lastimando. ¡Las hidroeléctricas son nuestra solución a corto, mediano y largo plazo en cuanto a electricidad se refiere!
El sistema actual de transporte público es tan deficiente que obliga aun con grandes sacrificios a comprar autos, empeorando el congestionamiento de nuestras vías, tranques, costosísimas pérdidas de tiempo, alto consumo de combustible, alta contaminación ambiental y pérdida de la dulzura del carácter. Un transporte público masivo económico, eficiente y seguro es indispensable. Preferiblemente de trenes eléctricos a nivel de tierra, elevados o subterráneos según el área, complementado con buenos buses, taxis y mejoras substanciales a nuestro sistema vial. Esto último estamos haciéndolo aunque con bastante retraso, pues los bueyes vienen empujando la carreta en vez de jalarla.
La energía más económica y limpia es la no malgastada. Una amplia y constante campaña informativa desde la escuela primaria y a todos los niveles (que ya el Gobierno inició tímidamente) para instruir y promover el ahorro de energía en todas sus formas, es la manera más rápida y económica de reducir el consumismo innecesario y mejorar nuestras finanzas. En esto todos, sin excepción, tenemos que contribuir porque aunque algunos pueden pagarlo cómodamente, el país no puede.
El autor es ingeniero
|