GOBERNANTES.
Elijamos bien
Rocío Romina Rodríguez R.
opinion@prensa.com
Generalmente, cuando se acerca la época de elecciones nos preguntamos por quién votar para dirigir los destinos de nuestro país, pero no siempre tenemos la respuesta. La Biblia nos narra, que Salomón, rey de Israel, cuando tuvo que suceder en el trono a su padre, el rey David, sintió una gran responsabilidad y le pidió a Dios que le otorgase no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte para sus enemigos, sino inteligencia para gobernar con rectitud. Dios recibió su petición con agrado, le concedió lo que pedía y además le dio lo que no había pedido: riquezas y gloria.
Esta historia podría servir de guía para cuando nos toque elegir a los candidatos para los diferentes puestos públicos, porque definitivamente son esas las cualidades que debe tener alguien que desee servir a su pueblo.
Amigo lector, le confieso que la política no es mi fuerte, más me anima la fe y la esperanza de que nuestro próximo gobernante tenga un sueño como el de Salomón y busque la sabiduría e inteligencia para gobernar con rectitud, procurando que impere la justicia en todos sus actos, para que sus acciones estén basadas en la ley y, de seguro, aquello menos importante y que no ha pedido le será otorgado.
Un buen gobernante no es aquél que tiene más poder, sino el que sabe de antemano que el único con poder es Dios y que si bien tiene la posibilidad de dirigir los destinos de un país, no es esto un premio, sino una gran responsabilidad. Por consiguiente, está en la obligación de gobernar tanto para el rico como para el pobre, de tal manera que todos en conjunto y en función de sus posibilidades trabajen no solo por un mejor país, sino por un mundo más solidario, justo y equitativo en donde nunca los ancianos pierdan la esperanza de vivir, sino por el contrario, se sientan respetados, cuidados y valorados, y en donde los niños y jóvenes logren alcanzar sus sueños, metas e ilusiones. Solo así un buen gobernante podrá dormir en paz, sabiendo que en su pueblo todos conviven en igualdad de oportunidades.
La autora es licenciada en derecho
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