En Panamá existe la percepción de que la criminalidad ha aumentado desmesuradamente. Mucho de cierto hay en eso, especialmente por la forma en que los homicidios se cometen; es decir, con una crueldad nunca vista antes.
Es por ello que los panameños exigimos cada vez con más frecuencia que se reprima la violencia. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que si bien percibimos este aumento, en comparación con países de Centroamérica –como Honduras, Guatemala y El Salvador- las cifras de homicidios, por ejemplo, son menores y, por añadidura, los asesinatos son tanto o mucho peores que en Panamá.
Pero en esos países, para frenar la criminalidad, no existen misteriosos planes de seguridad, como el que busca aprobar este gobierno. De hecho, en esos países existen experimentados organismos de seguridad e inteligencia que, empero, no han sido suficientes para detener las pandillas, el narcotráfico ni la violencia.
Entonces, ¿qué le hace pensar al ministro de Gobierno y Justicia que los nuevos serán nuestra salvación? Lo que hay aquí son otros intereses y bastante oscuros, por cierto. |