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Panamá, lunes 18 de agosto de 2008
 

REPORTAJE.ANÉDOCTAS SOBRE UN CAMPEÓN.

Tras las huellas del Canguro

Algunos de sus maestros y profesores lo recuerdan como un niño aplicado y disciplinado.

La maestra Maritza Escalona de Bartley y su esposo Wilfredo Bartley se refieren a Saladino.

AP/Thomas Kienzle
POR LO ALTO. El atleta colonense está situado en lo más alto del ‘ranking’ mundial del salto largo.1075917
Migdalia Grinard
COLÓN, Colón

Irving Saladino nunca pensó que sería campeón del mundo en salto largo, porque desde pequeño se inclinaba más a los eventos atléticos de velocidad y otros deportes como el béisbol y el fútbol.

En esto coinciden sus primeros maestros, quienes hoy con cariño recuerdan al tímido y disciplinado estudiante.

Maritza Escalona de Bartley, maestra de educación física de la escuela República Oriental del Uruguay, donde Saladino realizó sus estudios primarios, fue la que le enseñó a saltar, en una esquina del patio de la escuela donde no había fosa y solo trazaba una raya que le indicaba dónde tenía que saltar.

“Corría cuantas veces quería para llegar más lejos, aunque no le gustaba lo hacía porque era disciplinado”, comenta la educadora.

“Todo empezó para que participara en una competencia interprimaria representando a la escuela. Aunque él prefería correr, logramos que también se preparara para el salto largo y así lo hizo”.

Su maestra lo recuerda siempre como un niño aplicado, disciplinado e inteligente, además de voluntarioso para hacer todas las asignaciones, “porque le gustaba salir del salón, pero cuando le hablaba de la competencia de salto se ponía serio”.

“Siempre estuvo nítido, ‘entallado’, con las manos en el bolsillo, inclinado al deporte y muy rápido, pero no tuve la visión de que llegaría tan lejos, sobre todo en el salto”, manifestó su maestra.

El Canguro colonense desde niño siempre tuvo el apoyo de sus padres, quienes le inculcaron el sentido de la responsabilidad y puntualidad, eso lo ha demostrado siempre.

SU PRIMER ENTRENADOR

Wilfredo Bartley fue su primer entrenador desde los 9 años, y lo recuerda como un niño rápido y que siempre sonreía para poder hablar algo.

Entre algunas anécdotas recuerda que una vez no quería competir y tuvieron que sacarlo de debajo de la cama, “como todo muchacho travieso”.

Otra de las cosas que le hacen sonreír cuando recuerda a Saladino, es que una vez en la práctica de salto largo, Irving colocó una valla altísima y partió a correr y cuando llegó a la misma se metió por debajo de ella.

“Eso nos causó gracia, después dijo... que va, esa la paso yo, y retornó corriendo rápido y la saltó, lo que nos impresionó, de allá surgió el nombre de el Canguro Colonense”.

Wilfredo, al igual que su esposa la maestra Maritza, nunca tuvo la visión de que Saladino llegaría tan lejos.

SUS ESTUDIOS DE PRIMER CICLO

José Hernández, consejero del Canguro Colonense en el primer año de su escuela secundaria, y quien le dictaba la materia de ciencias sociales, tampoco pensó que su estudiante llegaría tan lejos.

Lo recuerda como disciplinado y como un líder en el fútbol que organizaba los grupos para competir en el colegio Abel Bravo. “Lograba la atención y el respeto de sus compañeros”, afirma Hernández.

“Siempre se caracterizó por su sonrisa pícara e inocente, cuando cometía una falta lo reconocía y pedía disculpas, siempre su humildad sobre todo”.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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